jueves, 21 de mayo de 2026

Un Tractor en Común y el Caso del Perico Loco. III.- El Amor y el Desamor según la Inteligencia Artificial

Un Tractor en Común y el Caso del Perico Loco

III.- El Amor y el Desamor según la Inteligencia Artificial.

  No sin sorpresa, nos dimos cuenta de que las “transcripciones” de nuestras participaciones orales en los distintos semilleros, o no tenían nada que ver con lo dicho, o perversamente cambiaban el sentido original, o lo confundían (más, pues).  Somos comprensivos, pensamos que eran malas jugadas de los “auto correctores” de los distintos procesadores de texto.  Ustedes ya saben, ese empecinamiento (palpable en los celulares “inteligentes”) de cambiar lo que escribes con lo que se le pega la gana al algoritmo.  Si usted le escribe a alguien “te extraño en mi corazón”, el corrector hace su “trabajo” y lo que llega dice “tengo extraños en mi cuarto”.  No pocas broncas de pareja surgen de esos teléfonos “inteligentes”.

  Entonces les preguntamos.  Y nos respondieron, con orgullo, que usaron un programa de Inteligencia Artificial al que, por sólo 20 dólares al mes, le mandas el audio y te regresa una transcripción.  Pero la IA tiene problemas de oído, porque donde se dijo “una aseveración del tipo “El Policía Anarquista quiere que su hijo sea como él””, se transcribió como “una aceleración del policía artista quiere que su alijo sea como él”.  En otro caso usaron los subtítulos de You Tube.  En otro más la aplicación de un procesador de textos que “escucha” y escribe.  Todo con resultados semejantes.

  Jordi Soler, en un texto en su columna en Milenio Diario (“La Melancolía de la Resistencia”, 5 de mayo 2026), señaló el proceso de crear y formar idiotas, la idiotización, como una tarea de la Inteligencia Artificial (“IA” de aquí en adelante).

  De acuerdo, yo agregaría la pereza mental y la haraganería.  ¿Para qué leer y tratar de abstraer lo esencial de un texto si la IA te hace una síntesis en unas líneas?  Pero no sólo eso:

  Cuando el arte cinematográfico saludó y permitió la llegada de la “pantalla verde” (o azul, no recuerdo), privilegiando así “los efectos especiales” y el impacto visual, olvidó que eso iba en detrimento del guion, la dirección, las actuaciones, las locaciones, la producción.  Es decir, el Cine como tal.  Aparecieron así películas de superhéroes, monstruos, catástrofes e invasiones extraterrestres, donde el actor o la actriz sólo tenía que poner cara de espanto o de “no te preocupes, todo va a estar bien”.  La pantalla verde permitía que la heroína (no olvidar la paridad de género) derrotara la invasión alienígena con un prensa-pelo.  Asombroso.

  Pero, detrás de la pantalla verde, vino la IA y, con ella, la creación no sólo de personajes, también del oficio de la actuación… y de guionistas, de la producción, la iluminación, el vestuario, el doblaje, la postproducción y de los etcéteras que, todavía, conforman “el séptimo arte”.

  Detrás de cada evidencia incuestionable, viene una derrota factorial, es decir, una derrota a la N potencia, una caída que lleva a otra y a otra y así.  Porque “la IA te ahorra trabajo y tiempo”, ergo…  La IA viene siendo simultáneamente el productor, comercializador y “dealer” de la amable droga de la pereza mental.

  Detrás de los “resúmenes” de la IA, viene la derrota de unas de las características del ser humano: pensar.  Y sus manifestaciones: leer, escribir, pintar, cantar, jugar, componer, bailar, escribir, discutir, proponer, etcétera.  Es decir, crear… y luchar.

  Cada oferta que le hace a usted el sistema para ahorro de trabajo, esfuerzo, dedicación, compromiso, esconde un intento de suplantación.  Y, claro, ningún ahorro económico.  Al contrario.

  La IA escamotea el verdadero costo: el asunto no sería que llegue a independizarse y se ponga en contra de su creador (Skynet en el horizonte próximo), sino que provoque en él, el ser humano, un ser haragán física y mentalmente, que siga al algoritmo de “la mayoría” como nuevo flautista de Hamelin… con el precipicio ya en el horizonte cercano.

  Imagine usted que, está por darle “like” a una publicación que le gustó y la IA le señala “Warning: su “like” va en contra de lo que dice la mayoría y va a provocar que baje el número de sus seguidores y, por tanto, su índice de popularidad.”  Pavor.

  En las artes, la IA podrá (o puede ya) escribir una novela y tener éxito porque ha usado el algoritmo y sabe que la muerte del malvado es más bienvenida que la del héroe.  O viceversa.  Y puede decretar que tal combinación de colores, trazos, composiciones, en pintura, escultura, música, tendrá “éxito”, es decir, popularidad, mayoría.  Según esto, la IA puede “copiar y reproducir” las notas musicales, secuencias y ritmos de, digamos, Mozart, y “componer” una partitura.

  Se empieza copiando, se sigue luego suplantando, y se termina supliendo y eliminando.

  Un ejemplo: le encargan a usted, en la materia de “lectura y comprensión” (no sé si exista todavía), la obra literaria conocida como “El Quijote”, esto es “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, del hispano Miguel de Cervantes Saavedra (quien vivió durante un período -1547 a 1616- del llamado “Virreinato” y que, por tanto, le debe pedir perdón a la 4T… para que continue despojando territorios de pueblos originarios).  Usted, en lugar de buscar el libro y leerlo, entra a internet, googlea cualquiera de las dos frases y se encuentra con que…

  “Don Quijote de la Mancha no tiene una cantidad fija de páginas; varía según la editorial y el formato. Sin embargo, en las ediciones completas más reconocidas, como la de la Real Academia Española (RAE), el libro ronda las 1.424 páginas”

  ¡Uff!, se dice usted, ¿y en cuánto tiempo se lee eso?  De nuevo la IA:

  “Leer El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha te tomará, en promedio, 27 horas de lectura continua. Con una extensión de alrededor de 1,000 páginas, la mayoría de los lectores invierten entre 2 y 3 meses en una lectura pausada y constante, aunque si dedicas entre 30 y 45 minutos al día, podrías finalizarlo en unas 3 o 4 semanas”.

  “Demasiado”, piensa usted, “en ese tiempo puedo postear muchos comentarios (sugeridos por la IA, claro), y dar muchos “likes” y “dislikes” (también orientados por la IA)”, así que decide mejor consultar un resumen.  La IA:

  “El Quijote es el símbolo universal del idealismo, la libertad y la lucha por los sueños. Representa la eterna confrontación entre la realidad y la fantasía. En la actualidad, el adjetivo «quijotesco» se utiliza para describir a una persona idealista que antepone sus nobles valores a su conveniencia.”

  He realizado estas “búsquedas” en internet y, cada vez que tecleo la consulta, la IA pone la palabra “pensando”, mientras el círculo giratorio te advierte que no interrumpas.  Pero, si pone usted atención, en letras pequeñas aparece de dónde sacó la IA ese resumen: ¡de YouTube!  Es decir, usted ha tomado una decisión (no leer el Quijote porque son muchas páginas), dar por bueno un resumen y asumir que, prácticamente, lo ha leído; todo esto basado en el algoritmo que decide la fuente de información y su veracidad basado en su popularidad, es decir, en las mayorías (tiene muchas “vistas”).

  Todo esto viene al caso porque, revisando periódicos y revistas (en las redes sociales sólo veo videos de perritos y gatitos), veo que, lo que empezó como consejos y recomendaciones para, por ejemplo, el sexo; ahora son dictámenes: “¿Estás teniendo relaciones sexuales adecuadamente?  La IA te dice lo que estás haciendo bien y lo que haces mal”.

  De la historia de “los castristas” que me refirió el Subcomandante Insurgente Moisés, quedé pensando en lo de “las mujeres comunes”, en cómo fue lo que preocupó al ciudadano como parte de sus propiedades, incluso por encima de otras cosas más lógicas: su vehículo, su casa, su celular, su computadora, etcétera.

  ¿Es la relación de pareja heterosexual una relación de propiedad, de posesión?  ¿Un feudo donde el varón -y en algunos casos, la hembra- es quien impone la vida y, no pocas veces, la muerte?  No hablo de celos, sino de esa relación tan defendida incluso por el progresismo, donde hay un propietario y una propiedad.  Y que lo personal se trastoca en símil de la propiedad social: mis medios de producción, mis trabajadores, mi marido o mi marida, mis hijos, mi Dios, mi religión, mi color, mi raza, mi lengua, mi modo, mi calendario, mi geografía.  Mi, me, conmigo.

  Se ha realizado un salto imposible entre una realidad impuesta a sangre y fuego, y el ámbito de lo personal y privado.

  Las distintas diferencias, los “otros amores” como solemos decir los pueblos zapatistas, se contraponen a una “normalidad” impuesta.  La persona hetero considera que su “modo” es y debe ser universal.  Para ello llamará en su auxilio a la religión cuantitativa: “somos mayoría y, por lo tanto, tenemos la razón. Y quienes no son mayoría son culpables de eso, de no ser parte de la mayoría.”  Y por eso es “normal” la violencia contra “loas otroas”.  Esta lógica, que es palpable en redes sociales y medios de comunicación, se reproduce o se refleja en lo individual.  La persona es forzada a entrar al aro, esto es, a ser y parecer “normal”, como la mayoría.  A la diferencia, el “amor” mayoritario le ofrece un closet.

  La frase lapidaria que, me parece, iluminó el mayo francés del 68, es toda una descripción de las sociedades civilizadas modernas: “Come mierda, millones de moscas no pueden equivocarse”.  El “sentido común” se convirtió así en un remedo del “sentido mayoritario”.

  Esta aberración, podría ser normalizada por la IA, puesto que su fuente de datos son los que se presentan como más “populares”.  Incluso el oficio de gobernar ahora es el oficio de ser “popular”.  Por eso la IA recomienda reunirse y tomarse fotos con BTS, con U2 y con Black Rock (el verdadero “dueño del mundo” por la cantidad de paga que mueve, -no aparece en la lista de las mayores riquezas-) que reflejan juventud, nostalgia y “realismo en macroeconomía”; y recomienda no reunirse con las madres buscadoras, con la CNTE, con los productores del campo, con los originarios que escapan al control gubernamental, con activistas ambientales, con opositores a megaproyectos, a la gentrificación y a la demagogia como suplente de la justicia; en fin, con todo eso que refleja incapacidad, corrupción y la dura y testaruda realidad con la que topa a diario el progresismo.

  Entonces podríamos decir que, para la IA, el amor y el desamor dependen de la fuente consultada… y del apoyo mayoritario.  Triunfarás en el amor, o fracasarás, de acuerdo con el sentir de las mayorías, supuestamente consultadas por IA, pero en realidad moldeadas por ella.  “Ser popular”, este anhelo adolescente de la prepa -o “high school” o bachillerato-, es ya la aspiración que rige las sociedades y los gobiernos de la modernidad.

  ¿Por qué sufrir el sentimiento de tener un hoyo en la panza, provocado por el Amor o el Desamor, si te quitas del problema de construir una relación simplemente “bloqueando” o cambiando de avatar… o de número?  Sí, antes se cambiaba de canal si algo no te gustaba.  Ahora, si la realidad no te gusta, sólo cambia de celular.  Eso sí, que tenga la IA más veloz.

-*-

  Por lo demás, con o sin IA, el objetivo del sistema no es otro sino generalizar la resignación.  Si las religiones ya no lo consiguen, la tecnología lo intenta.  Justo como ahora fomenta la resignación frente a la masificación de la duda, de la crisis de identidad, de la incertidumbre, del caos ordenado desde arriba.  No para provocar desorden, sino para que se anhele el orden.  Resignarse ante la catástrofe es el primer paso para luego necesitarla.

  En “la modernidad” que padecemos, nada hay más subversivo que pensar.  Bueno, tal vez sí hay algo más irreverente: organizarse.  Y para organizarse, amigos y enemigos, -como para el tango y para hacer el amor… o el desamor-, se necesitan al menos dos.

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  Nota: si escribí una tontería, debe ser por la Inteligencia Artificial que cambió lo que quise escribir.  Ni modos.
(continuará…)

Desde las montañas del Sureste Mexicano.



 






El Capitán (en ausencia de la IA).
Mayo del 2026.

 

 


lunes, 18 de mayo de 2026

Un Tractor en Común y el Caso del Perico Loco. II.- No van a poder


 Un Tractor en Común y el Caso del Perico Loco

II.- No van a poder

Para el profesor Enrique Ávila Carrillo y el magisterio que enseña y aprende… luchando

  La anécdota me la contó el Subcomandante Insurgente Moisés hace unos días: unos hijos de ex rancheros invadieron tierra recuperada.  Alegando que en el pasado esa tierra era de sus padres, se metieron y empezaron a construir sus casas.  Llegó un grupo de compas a explicarles que no podían hacer eso, que esa tierra era del Común, o sea que no era propiedad de nadie, ni del Estado, ni propiedad privada, ni ejidal.  Al ver llegar a los compañeros, los invasores pensaron que los iban a correr, así que empezaron a decir que el ejército, la policía, los jueces, que tenían un pariente licenciado, que Trump, que Sheinbaum, que no los iban a sacar, que sólo muertos saldrían de ahí.

  Los compas sonrieron, escucharon pacientemente y, ya que los aspirantes a finqueritos terminaron con sus amenazas, les dijeron “bueno, hermanos, pues ya escuché tu palabra, ahora escucha la palabra que te traemos”.  Y empezaron a explicarles el Común y que podían trabajar la tierra, junto con otros hermanos de otros pueblos y comunidades, pero esa tierra no era propiedad de nadie.  Los padres de los improbables finqueros entienden la lengua, porque se habían criado en esa zona, así que los compas les explicaron todo en la palabra originaria, ante la desesperación de los hijos que eran “licenciados” de la ciudad.  En la plática, los padres asentían con la cabeza a los argumentos de los compañeros.  Al terminar, les dijeron a sus hijos: “no es como nos dijeron allá los de partido Morena, estos hermanos tienen razón en lo que dicen y no van a corrernos, sino que van a ser nuestros vecinos”.  Les dieron a los hijos la versión en castilla (que siempre será más pobre que en lengua originaria).  Acorralados con razones, los hijos argumentaron: “Pero no van a poder eso del Común.  La gente es egoísta, quiere tener y tener más y más.  La gente no quiere compartir ni ver por los demás.  Y peor si son… son… como son ustedes”.  Se esforzaron por no decir “si son indígenas”, tal vez temiendo que fueran agredidos.  Los compas respondieron con el lapidario “Pues ahí lo vamos a ver en la práctica si se puede o no se puede”.

  Como no había más argumentos, estas personas pasaron al argumento central: “Es que ustedes son castristas”.  “¿Qué cosa es castristas?”, le preguntaron.  Y ellos: “Los castristas son comunistas, o sea que las mujeres son comunes, son de todos”:  Los compas rieron y uno de los nuestros preguntó “¿Y por qué no los hombres son de todas?”  El aspirante a beneficiario del Sembrando Vida (en realidad no quería hacerse finquero, sino pedacear la tierra, pedir el apoyo gubernamental y luego vender los pedazos de terreno), quedó pensando, como valorando las ventajas del cambio de mujeres comunes a hombres comunes, pero un compa intervino y le preguntó “¿Entonces tu mujer es de tu propiedad?  ¿Ya le informaste que eres su dueño y señor, que tú la mandas en lo que siente, en lo que piensa, en lo que quiere, en lo que sueña?”  El ciudadano dudó.  Tal vez se imaginó la bronca que tendría con su mujer si se le ocurría siquiera insinuar eso, y que el matrimonio no era sino un contrato donde él, el marido, tomaba posesión de ella, la marida, “hasta que la muerte los separe”.  Un contrato pues, de compra-venta, así como se compra ganado o televisiones para ver el mundial de futbol.  O sea, trata de personas, pero con bendición legal.

  Los compas le explicaron que el Común se refería sólo a la propiedad de la tierra, no al trabajo.  “Entonces”, dijo el hombre ya a la defensiva, “¿lo que saque de mi trabajo es mío?”.  “Así es”, le respondieron.  Él insistió: “O sea que, si yo siembro, por ejemplo, plátano, en mi tierra, ¿no me lo van a quitar o a pedirme un porcentaje?”.

  “Otra vez la burra al maíz”, le dicen, “no es TU tierra, es del Común.  Y tu trabajo, el producto de tu trabajo, es tuyo y nadie, al menos, nadie de zapatista, te lo va a quitar ni a pedir una parte.  Así como no son comunes tus calzones, tu carro, tu ropa, tu casa, tu sitio, tu cepillo de dientes, tus cosas pues.  Pero la tierra es Común, y se trabaja por turnos.  Trabajas, sacas tu producción, luego entran otros a trabajar esa tierra, luego otros y así.  Sólo así la humanidad va a poder sobrevivir a la tormenta.  ¿O a poco están muy tranquilas las cosas allá en la ciudad?  ¿No batallan con la comida, el transporte, el agua, la violencia, las desapariciones, la salud, la educación, la ropa, los zapatos?  ¿No es cierto que los gobernantes, sin importar de qué partido sean, son lo mismo que los criminales?”.

  “Eso sí, te decimos que no se pueden consumir, producir, comerciar ni traficar drogas.  Y no se permite los trabajos que lastimen a la Madre Tierra, como la minería, el fracking, los talamontes, el acaparamiento del agua.  Tampoco el alcoholismo, la prostitución, la trata de personas, la violencia contra mujeres y crías, el desprecio y olvido para las personas ya de juicio, la burla y la agresión contra los diferentes, y todas esas cosas con nombres raros que sólo sirven para engañar a la gente que el mal que se va a hacer es por su bien”

  “Pero la tierra es para producir”, alegó él.  Uno de los compas, recordando las largas discusiones, debates y peleas en las asambleas zapatistas, intervino y dijo: “Sí, pero una cosa es producir para el mercado y otra producir para la vida.  La tierra del Común es para la vida, no para tener ganancias”.

  “Entonces”, preguntaron, “si la tierra no es de nadie, ¿ustedes qué son?”

  “Guardianes”, respondimos.  Otro compa agregó “y Guardianas”.  Uno más: “Y Guardianoas”.

  Se despidieron.  Dijeron que ya entendieron, pero que iban a consultar con la Biblia de su religión para ver si eso del Común no iba en contra de la palabra de Dios.

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  Este argumento de “no van a poder”, sustentado en lo irremediable del individualismo, el egoísmo y la avaricia, no es sólo argumento del capitalismo.  Está también en quienes se dicen de izquierda y esperan, con paciencia, que fracasemos.  No sólo por el individualismo, ni sólo porque lo del Común no vino de sus grandes cabezas con notas de pie de página, también porque no se siguen los “santos” preceptos de la izquierda ortodoxa de que primero la publicación y la propaganda para concientizar y convocar, luego el partido, luego la toma del Poder, luego el Estado como propietario representativo y regulador.  Y luego, muchos siglos después, Dios no lo quiera y estén vivos, el Común.

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  Pero, puesto que salió lo del “castrismo” y puesto que el pueblo de Cuba sufre un bloqueo (ya sin el eufemismo de “embargo”) y una nueva amenaza de intervención militar, ahora, hoy, entonces vayan algunas palabras sobre ese pueblo al que respetamos y admiramos.

  Creemos que su resistencia y rebeldía son evidentes.  No sólo ha mantenido un proyecto social en medio de todas las amenazas posibles, frente a todas las agresiones imaginables e inimaginables, padeciendo campañas mundiales de calumnias y mentiras; también las “sensatas” reflexiones de quienes no son “ni chicha ni limoná”, que pretenden no ser de aquí ni de allá y, que lo más “amable” que dicen es “fue bello al principio, pero ya con el tiempo se convirtió en una dictadura”.  Eso que no es sino otra forma de decir: “antes fue moda apoyar a Cuba, ahora la moda es atacarla”.

  En fin, no es la primera vez, ni será la última, en que se decrete la muerte (al menos mediática) de lo que el mismo pueblo llama “la revolución cubana”.  En las últimas décadas… ok, bueno, desde aquel enero del 59, se dice, se repite, se recita, se eructa: “Cuba no va a sobrevivir… si no se traiciona a sí misma”.  Bueno, no con esas palabras.

  Y no se trata sólo de olvidar Girón y a Fidel Castro manoteando con su equipo porque no le querían permitir ir al frente de batalla (en aquellos tiempos en que los comandantes marchaban al frente de sus tropas).  Tampoco los esfuerzos inútiles de la inefable Agencia Central de Inteligencia, la CIA gringa, para acabar con la dirección.  Baste recordar la desesperación de un congresista norteamericano de aquellos tiempos, al hacer comparecer a los responsables de “resolver el problema cubano”: el agente explicaba, con lujo de detalles, el plan para envenenar a Fidel Castro… para que se le cayera la mítica barba.  El congresista, con los ojos y la voz exaltados, demandaba: “¿De manera que gastamos tantos millones para quitarle la barba a Castro, para rasurarlo?  ¿No era más sencillo darle un tiro?”

  Y los aviones derribados, los atentados terroristas, los sabotajes, el “embargo”, los eructos mediáticos de los especialistas en todo y conocedores de nada.

  Y alguien se puede preguntar: si lograron todo lo que han logrado con todo eso en contra, ¿cuánto no hubieran podido hacer si los hubieran dejado en paz?

  Se trata, sobre todo, de olvidar lo fundamental: sea cierto, o no, que han tenido, tienen y tendrán errores, pero son SUS errores, SUS aciertos, SU historia, SU presente y SU futuro.  Y eso es difícil de entender desde los escritorios de la academia, la teoría estéril (sin práctica, pues), y el comentario banal e inútil que ni siquiera consigue los likes de rigor.

  Pero deje usted de lado las tendencias en redes y en los medios de comunicación.  ¿Por qué no han podido doblegarlos?  ¿Por qué sería necesaria una intervención militar gringa si, con apoyos como los que ha tenido la oposición cubana, hubieran ya conseguido la “liberación”?  Oiga usted, como que algo ahí no se explica.  Como que algo hay en ese pueblo que no se entiende y no tiene que ver con el individualismo, el egoísmo, la avaricia y demás. Tal vez, no sé, puede ser, es un supositorio, pero se me ocurre que es una cuestión de lengua: puede ser que en el alfabeto cubano no existan las letras para componer la palabra “rendirse”.

  Y también viene Cuba a colación porque, hasta donde recuerdo, el Movimiento 26 de Julio no siguió los manuales de la ortodoxia comunista de entonces, que había arrinconado el quehacer de la izquierda latinoamericana a los dictados del entonces “campo socialista”.  En pocas palabras: hicieron su propia historia.  No para los libros, los análisis, las reflexiones sin práctica consecuente, sino para la vida.

  Cuba, tan cerca de los Estados Unidos y tan lejos de la comprensión, pervivirá.  Porque hay quien espera que la isla se convierta en un Mariel de punta a punta, pero hay quien sabe que será un Playa Girón lo que el sol contemple al salir… el día después.

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  Estas reflexiones se me ocurren ahora que he estado presente en algunas de las reuniones de los “Interzonas” (lo pongo entre comillas porque en cualquier momento cambiará su nombre), en asambleas de autoridades autónomas y responsables, de teatristas, coordinaciones de arte y cultura, de Como Mujeres que Somos, de jóvenas y jóvenes, de hombres y mujeres “de juicio” (ya mayores pues), donde discuten y debaten algo nuevo.  Sí, nuevo – nuevo.

  Creo que alguna vez he dicho que los zapatistas no buscamos cómo ser felices, sino cómo ser infelices.  Como es nuestro modo el imponernos nuevos retos, trabajos, cambios inesperados la víspera, la crítica despiadada en lo interno, los desvelos, los dolores de panza (con o sin tamale crudo), las preocupaciones, las largas discusiones, las caídas y las levantadas.  Y entonces entiendo que el problema, nuestro problema, es que tratamos de vivir lo que soñamos.  Y así nos va.

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  Los sueños siguen siendo sueños hasta que son sembrados en la realidad.  Seguirá entonces un largo y accidentado camino, repleto de tropezones, sinsabores, más bajadas que subidas.  Y, claro, la presencia infaltable de quienes opinen que así no, que no todavía, que no se va a poder, que es imposible.  El progresismo de nómina siempre ha exigido obediencia y subordinación en su diario claudicar.

  Decía el finado que todo es imposible la víspera.  Lo dijo pensando en el 31 de diciembre de 1993, y lo repitió y repite cada que una nueva idea, una nueva iniciativa, interna o externa, se escucha en lenguas originarias de raíz maya y en castilla… en las montañas del sureste mexicano.

  Porque siempre habrá alguien, abajo y a la izquierda, que tome ese sueño en las manos, prepare el terreno y el tiempo, el calendario y la geografía pues, y, sin ceremonias rituales, declaraciones ostentosas ni promesas vanas, empiece a trabajar para ese sueño.

  Entonces, y sólo entonces, los sueños dejan de serlo y se convierten en… una posibilidad.

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  ¿O sea que vienen más cambios?  Sí, me temo, y celebro, que sí (suspiro).

(Continuará…)

Desde las montañas del Sureste Mexicano.




 




El Capitán.
México, mayo del 2026.

 


lunes, 11 de mayo de 2026

Un Tractor en Común y el Caso del Perico Loco. I.- La Genealogía del Tamale

Imágenes: Tercios Compas Zapatistas Música: Los Cojolites «Tierra Madre»



Un Tractor en Común y el Caso del Perico Loco.

I.- La Genealogía del Tamale.

Para las madres buscadoras, con admiración y respeto.

Debo aclararles que yo creía que no vería esto en vida.  Esta combinación de conocimientos y prácticas de usos y costumbres de hace muchas décadas, con las ciencias y las técnicas aplicadas.  Sí, en el campo.  Sí, en la lucha por la vida.

El Subcomandante Insurgente Moisés me ha explicado el proceso:

Primero eliges el terreno.  Mientras más plano, mejor.  Después viene lo que se llama tumbar y rozar, es decir, con machete y, a veces, hacha, se tumban árboles grandes, medianos y chicos.  Si ya es un terreno de milpa antigua, entonces es acahual (árboles y plantas pequeños).  Si era potrero, pues ya no hay árboles.  Hay que esperar a que se seca bien y luego sigue la “quema”, que consiste, como su nombre lo indica, en prenderle fuego al terreno para que la tierra se fertilice con la ceniza.  Luego sigue limpiar, o sea, quitar piedras, troncos, ramas y raíces.  Después ya sigue la siembra, que se hace con coa (una vara recta, a veces con punta de fierro).  Quien siembra, lleva las semillas dentro de una morraleta, va avanzando poco a poco, horadando la tierra con la coa y depositando la semilla en la tierra.  Luego sigue esperar que llueva.  Claro, si es que la seca (temporada de calor), con sus ventarrones, no llevó la quemazón más allá del “guarda-rayas” y entonces hay que organizarse en colectivo para ir a apagar antes de que el fuego se extienda y llegue al bosque… o a los poblados.

Si llueve, bien.  Si no llueve, mal.  Y entonces hay que echarle cohete al cielo para que se despierta la nube y se deje caer sobre la tierra, donde la semilla espera la vida que cada gota de agua lleva.

¿Después?  Esperar, estar atento al clima. Si todo va bien, en unos 3 meses habrá elote y luego maíz.  Después sigue la cosecha: recoger las mazorcas y amontonarlas en una champita que le llaman “troje”.  De ahí, cada que se necesite, se lleva un tanto de mazorcas a la casa, y la familia entera (abuelos, padres, y la prole) se sienta a desgranar.  Luego sigue cocer el maíz, con algo de cal que se extrae de piedras.  La cal es con una piedra especial, blanca.  En algunas partes le dicen Poj´ton.  Se calienta con leña y luego se muele hasta que queda un polvo finito.  Si no encuentras, puedes hacer con la cáscara o concha del caracol de río.  Y si no tienes Poj´ton ni caracol, pues ni modos, hay que conseguir la paga para comprar la cal.

Una compañera me aclara: “Eso de mezclar la cal con el maíz, no cualquiera.  Se necesitan, como quien dice, a las mamaces.  La mamá te dice qué tanto de cal le echas a la olla con el maíz en agua.  Si no está cabal, no sirve.  Y si te pasas, pica.  Entonces tienes que calcular, según te enseña tu mamá.  Ya cuando creces, pues ya sabes calcular.  Pero no es que mides con centilitros, mililitros y esas cosas de la matemática.  Es que mides según te enseña tu mamá.  Y tienes que batir bien con la mano, que no queden bolitas, sino que cabal.

Si no aprendes a hacer bien, rápido se publica en el pueblo y te mal miran.  Y peor para la mamá, que la mal hablan que no enseña a sus crías lo del maíz, o sea de la vida.  O sea que las crías tienen que aprender bien.  Como quien dice, las mamás necesitan de las crías.  Creo por eso mucho nos regañan cuando somos pequeños, para que aprendamos.  Y por eso las mamaces siempre lo piensan sus crías y, si no están, las buscan.  Si no tuviéramos mamá, creo que morimos todos de una vez”.

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Luego, ya que tienes el maíz cocido, sigue moler a mano, con un viejo molino mecánico.  Si no hay, pues con metate y piedra.  Entonces ya tienes la masa lista para la tortilla… o el tamale.  Si es fiesta, entonces tal vez con cuche (puerco), pollo o guajolote.  Y el recado, claro, que es como el condimento que se le pone a la carne.  Si no hay carne, pues frijoles… o verduras (guácala).  También se puede hacer con chile verde o rojo, y con azúcar.  Después de todo eso, y si tienes suerte de que quien cocina no deje crudo el tamale, entonces podrás comer tamales.  Y si está crudo, pues ni modos, igual tienes que comer porque es lo que hay.  Eso sí, hay que tener la precaución de tener una letrina cerca.

Si es fiesta, hay baile.  Sí, cumbias.  Aunque también luego hay rock, ska, banda y esas músicas con que las jóvenas y jóvenes brincan como si estuvieran encima de un hormiguero.  Pero el amor y, claro, el desamor, suelen florecer y dar fruto con las cumbias.  Ahí las caderas prometen fiebres… y desvelos… y lluvias… y sinsabores.

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¿Y luego?  Pues vuelta a empezar.  Y así por los siglos de los siglos.  Hay humanidad porque hay tierra.  O sea que, como quien dice, la tierra es la madre de la humanidad.  Viera que no hay tierra, pues ¿de dónde vas a sacar todas las cochinadas que comes?  Sin tierra no hay alimentos, ni animales, ni aire, ni lluvia.  No hay nada.  Por eso decimos que la tierra es vida.

Los pueblos y comunidades del Congreso Nacional Indígena, nos enseñaron a decir “territorio”.  O sea, no es sólo la tierra-tierra, sino también el agua, los bosques, los animales silvestres, la lluvia, el viento, el sol.  Todo.  Nosotros, cuando decimos “tierra”, decimos todo eso; pero en las ciudades entienden tierra como un pedazo de tierra y no como un todo.  Por eso el CNI nos enseñó a decir “territorio”.

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Las guerras actuales, dicho sea de paso, son para conquistar territorios.  Por eso no importa cuánta gente asesinan ni cuantos edificios, hospitales, escuelas (con niñas dentro), barrios enteros destruyen.  Porque de eso se trata la guerra capitalista: de destruir para reconstruir luego; y de despoblar para reordenar luego el territorio conquistado.  Y es por eso que hay, en la humanidad, lo que se llama “Guardianes” de la tierra, o sea del territorio.  O sea que son las crías de la Madre Tierra, la Resistencia y la Rebeldía.  Y por eso asesinan, desaparecen y encarcelan a los defensores de bosques.  Y por eso el problema no es Netanyahu o Trump.  O no sólo, pues.

Porque con ellos o sin ellos, el Mandón, el sistema capitalista pues, quiere asesinar personas y destruir poblaciones enteras.  Porque en esas poblaciones y en el corazón de esas personas, vive la vida.

Así nació el sistema: matando y destruyendo.  Así creció.  Y así se mantiene, aunque cambien sus modos y sus explicaciones.  El sistema capitalista es muerte.  No sólo para la humanidad.  También para el planeta entero.  Por eso decimos que la lucha contra el capitalismo es la lucha por la vida.  Y viceversa.

¿Quiénes entienden más y mejor esto?  Pues quienes viven en un territorio, o sea en la tierra.  Pero no luchan por la propiedad del territorio, sino por defenderlo.  Y por eso los ataca el capitalismo, porque le estorban en su plan.

-*-

Le pregunté al SubMoy: “¿Pero entonces ya no hay quema?”

“No, estamos dando como una muestra, una enseñanza a los mismos compas y a los hermanos partidistas que, usando la técnica, ya no se necesita la quema y así no se corre el fuego, poniendo en peligro a animales, árboles y personas.  Además de que ya no hay la humareda.  Y no tienes que esperar a que llueve ni gastar cohete de balde.  O sea que, sin dejar de trabajar la tierra, se puede cuidar y mejorar”

“¿Y el tractor de dónde salió?”

“Ah, lo tenían en un puy desde hace años, pero no lo usaban y ahí nomas estaba echándose a perder.  Entonces llegó el Común a rescatar.  Fueron los choferólogos, lo arreglaron, lo lavaron, lo dejaron bien galán, y ya lo movieron a esta tierra que es del Común, que es de todos y es de nadie.”

“Pero tal vez en el día después no va a haber combustible para el tractor… ni tractor”.

“Ah, seguro.  Pero nos estamos enseñando como nuestros tatarabuelos y abuelos, que se hacen las cosas con lo que hay y con la cabeza.  El asunto es siempre ver de cuidar la madre tierra”

Un compa es quien enseña y tiene alumnas y alumnos, principalmente tzotziles y cho´oles.  Ese compa es del Puy de Roberto Barrios, y se viene con su banda para aplicar lo que aprenden.  Porque si no se aplica lo que se sabe, pues de balde.  O sea que quiere la práctica.  Donde enseña, bien se puede llamar “Centro de Investigación, Análisis, y Enseñanza Rebelde Zapatista del Trabajo en el Campo y la Defensa y Cuidado de la Madre Tierra Combinando el Conocimiento de Nuestros Anteriores con Conocimientos de las Ciencias, las Técnicas, las Artes y lo que se Nos Va Ocurriendo y que Inventamos Según Vemos en la Práctica” (CIAERZTCDCMTCCNACCTALVAOISVP, por sus siglas en español).

Nah, no es cierto que se llama así.  Pero algún nombre le van a poner.  Tal vez igual o más largo, no sé.

El asunto es que, como en las Cumbias, lo que vale es la puesta en práctica del conocimiento.  Porque bien puedes escribir libros de teoría de la Cumbia, explicar con elipsis y parábolas, ecuaciones diferenciales y asíntotas, la rotación de las caderas y el ritmo de pies y manos.  Pero, compa, si no lo practicas, va a parecer que tus pantalones son de cartón o que te dio un calambre.

-*-

Cuando lo miré que ya están funcionando los aspersores y están sembrando, pensé “ya me puedo morir”.  Creo que lo pensé en voz alta, porque la Verónica, que andaba de metiche para variar, me dijo “¡¿Otra vez?!”.  Y, mirándome con reprobación, añadió “Ya caes mal que a cada rato te mueres.  Hasta las mujeres de los pueblos ya protestaron con el SubMoy de que de balde rezan cada vuelta”.

“¿O sea que rezan por mí?”

“¡Qué va a ser!, rezan por el pobre demonio, que va a sufrir cuando llegues al infierno, y te pongas a hacer tus travesuras”.

Bueno, pero eso no es el tema…

-*-

En cualquier rincón del mundo, florecen las vidas de las resistencias y rebeldías.  Ayer se llamaban Venezuela.  Hoy se llaman Irán y Cuba.  Siempre se llaman Palestina.  Porque siempre habrá quien no se rinda, no se venda y no claudique.

(Continuará…)



 





El Capitán.
Abril-mayo del 2026.


miércoles, 18 de marzo de 2026

El Condenado y las Hormigas. (El amor y el desamor según un niño zapatista)

El Condenado y las Hormigas.
(el amor y el desamor según un niño zapatista)

(Nota aclaratoria para quienes no conocen algunas cosas: el GAL es el Gobierno Autónomo Local, y GALes es el plural.  El CGAZ es como la coordinación de GALes, según su cercanía geográfica.  La ACEGAZ es la asamblea de las coordinaciones de GALes.  El INTERZONA es donde se reúnen los encargados de todas las zonas zapatistas (las comandantas y comandantes, pues).  La PERMANENTE es una asamblea de compañeras y compañeros que están aprendiendo de gobernar.  Pero no hagan mucho caso de estos nombres porque, como el COMÚN se está construyendo todavía, la estructura va cambiando de forma y de nombre.  Fin de la nota aclaratoria)

  Habrá una vez un niño.  Zapatista.  No muy grande pero no muy chico.  Es de raíz maya y vive con su familia en una comunidad donde hay zapatistas y partidistas, o sea lo que ahora llamamos “hermanos no zapatistas”.

  Este niño es muy travieso.  Nomás aprendió a caminar, se salía de la casa y anda vete.  Cuando salían a buscarlo, los papás siempre lo encontraban en problemas: que quiso agarrar una avispa, que se pintó con lodo todo el cuerpo, de una vez bien encuerado, pero color lodo que se puso – porque se puso a jugar con los cuchitos-.  Otra vez lo encontraron en el potrero según esto hablando con una vaca que acababa de tener becerrito.  “Es que le estaba preguntando por su cría”, dijo cuando lo regañaron.

  Bueno, de ahí que, como el niño era muy travieso, su papá y su mamá se turnaban para cuidarlo.

  Pero ya saben ustedes como son los pinches hombres, que dicen que cuidan y ahí nomás están en el celular, que si el feisbuc o el whatsapp y esas cosas.

  Las mamás, lo sabemos, si es que van a cuidar, es que van a cuidar. Y es como si tuvieran ojos por todas partes, hasta atrás de la cabeza, porque cualquier travesura que quieres hacer a escondidas, ahí nomás te descubren.

  Bueno, también lo sabemos que las mamás mucho regañan.  No es que nomás te dicen “no hagas eso”, no, te empiezan a decir un montón de cosas que parece que están rezando, y peor porque te regañan en lengua, y en castilla y, a veces, hasta en inglés, francés, italiano, alemán y hasta en farsi.

  A este niño le regañaba su mamá diciéndole: “condenado chamaco del demonio, te vas a ir al infierno por tanta travesura que haces”.

  Y así se pasaba el día de este niño: haciendo travesuras él, su papá haciéndose pato, y su mamá regañando a los dos.

  Bueno, pues llegó su día de que el niño tiene que ir a la escuela autónoma.  Entonces están todos los niños y las niñas en la escuela, el primer día de clase, y llega la promotora de educación.

  Entonces el chisme cuenta que la promotora de educación estaba muy enamorrrada, de una vez que no se puede creer, de un promotor de salud.  Pero el problema era que ella y él eran de dos puyes diferentes, o sea de dos caracoles distintos (“puy” quiere decir “caracol” en lengua de raíz maya).  Ella estaba en un puy, y él en otro puy que está retirado.  Ella y él se conocieron en una fiesta de aniversario del alzamiento.  No dijeron nada, sólo bailaron juntos.  Y aunque hacía un frío de todos los demonios, ellos no tenían frío.  Él hasta sudaba y ella se ponía roja, bien roja de la pena.  No se dijeron nada, pero la promotora de educación lo investigó bien.

  Ya ven cómo son las compañeras, que tienen un sistema de investigación y comunicación secreto, entonces esta compañera lo investigó primero lo más importante.  O sea, si es que el muchacho tiene o no tiene marida.

  Ya que lo supo que no tiene marida, entonces la compañera lo investigó un pretexto bueno para verlo.

  Y llegó en su cabeza de ser teatrista, porque los teatristas de los puyes se reúnen cada tanto que los llama el SubMoy para preparar obra de teatro.

  Y vio la forma de que el muchacho también se entrara de teatrista y así se iban a poder ver, y tal vez platicar, y tal vez tomarse de la mano, y tal vez abrazarse, y tal vez darse un besito, y tal vez… ¡Ay diositillo!

  Bueno, pues se sabía que pronto iba a haber encuentro de artes y que iban a llamar a los teatristas para preparar una obra de teatro sobre el común y la naturaleza.  Entonces la promotora de educación, ¿acaso está con su cabeza en la clase?  No, ella está bien distraída, pensando en otra cosa, no se concentra y sólo está suspirando, pensando en cuándo se va a encontrar con su amado.  Pero ya están todas las niñas y niños, y ya se están peleando por un dulce de chamoy que lo llevaron la Verónica, la Ceci y la Hermelinda Damiana (que son las nuevas reclutas del Comando Palomitas).

  Entonces como la promotora está distraída por causa de su enamoramiento, cuando va a pasar lista que le dio el formador de educación, no la encuentra la lista.  Y la busca la lista, pero no hay.

 Y es un gran problema, pero la promotora está enamorada pero no es tonta y dice: “A ver, cada quien va a decir su nombre para que todos sabemos cómo se llama cada quien”.

  Entonces cada niña y niño va diciendo su nombre, y cuando llega el turno del niño travieso él dice: “Yo me llamo Condenado y me apedillo Chamaco del Demonio”.  Así me dice mi mamá todo el tiempo “Condenado Chamaco del Demonio”, entonces ése es mi nombre”.

 La promotora, como ya dije que estaba muy enamorrada, pues no le importó y así lo apuntó en la lista “Condenado Chamaco del Demonio.  4 años entrado en 5, del GAL tal”, y todo el rollo de cgaz, acegaz, interacegaz, permanente, interzona y esos nombres raros del común zapatista.

  Cuando revisó la lista, el formador de educación no se dio cuenta porque se estaba peleando con su mujer, que lo regañó porque decía que estaba coqueteando con la comadre Ruperta.

  Y el formador se defendía: “Pero cómo crees mujer, si la comadre tiene 80 años”.  “No importa”, decía la celosa, “tiene 80 años de mañas, que son tantas que ni con mecapal las alcanza a cargar, y es una quita-maridos”.

 Y ahí están peleando y peleando, y el formador no puso atención que en la lista había un niño que se llamaba “Condenado” y se apellidaba “Chamaco del Demonio”.

  Y así quedó en su papel de educación el nombre de este niño.  Y así lo conocían sus compañeritos y compañeritas de la escuela.

  Pero el asunto llegó hasta las reuniones de la palabra de dios.  Y ahí escucharon que el tunel (-se pronuncia con acento agudo-, que es el encargado de los sacramentos), dijo que hay que tener cuidado con la gente mala, “son los condenados”, dijo, “y no hay que juntarse con los condenados”.

  Y ni modos, al siguiente día, nadie se acerca al niño que se llama “Condenado”, y no juegan con él ni nada.  Entonces lo dejan solo.

  Pero el Condenado Chamaco del Demonio, no se puso triste, sino que organizaba sus propios juegos y se iba al monte a buscar de herbolaria, porque su abuela sabía de plantas medicinales y él la acompañaba.

  Y también acompañaba a su papá cuando iba a la milpa, y a su mamá cuando iba a la leña, y ahí su papá y su mamá le enseñaban cuáles animales son malos y no hay que acercarse, y cuáles son buenos y no hacen daño, y cuáles son parecidos pero diferentes, y cómo se llaman.

  Entonces el niño aprendió nombres y modos de muchos animales, y nombres de muchas plantas y para qué se usan.  Y el niño hizo un su cuaderno de apuntes: en un lado puso los nombres de todos los animales que conocía y en otro lado los nombres de las plantas.

  Entonces el niño un día está revisando sus apuntes y lo mira que no están las hormigas.  Y va y le pregunta a su papá de las hormigas.

  El papá estaba peleando con la mamá porque el pozol estaba agrio y así nomás no se podía, y se estaban regañando los dos, como de por sí se regañan las parejas que se quieren.  El niño volvió a preguntar si las hormigas son buenas o malas.  Y el señor, como seguía peleando, nomás le dijo “las hormigas son hormigas”.

  Entonces el niño quedó pensando que eso quería decir que no se sabía si las hormigas son buenas o malas, y entonces hay que estudiar.

 Y el niño empezó a estudiar a las hormigas: dónde caminan, dónde viven, qué hacen.  Y supo que hay distintos tipos de hormiga.  Estuvo mirando y analizando varios hormigueros, y lo miró que están organizadas las hormigas, o sea que tienen repartidos los trabajos y los cargos: hay quien sale a explorar, hay quien consigue la comida y la lleva al hormiguero, hay quien tiene y cuida a las crías, hay quien defiende, y hay quien se hace pato o pata, según, o sea haraganas.

  Pero el niño no quedó conforme y pensó que hay que investigar más.  Entonces se le ocurrió una travesura: fue a ver al Monarca y le dijo que tiene que buscar y mostrarle videos de las hormigas.  El Monarca lo miró que es un chamaquito y le preguntó que quién dijo.  El niño dijo su mentira que es orden del SubMoy.

  El Monarca no lo creyó y le preguntó que cómo se llama el niño.  El pequeño dijo su nombre: “Condenado Chamaco del Demonio”, y entonces el Monarca tuvo miedo de que qué tal que sí es del demonio, y, ni modos, tuvo que buscar los videos y mostrarle al niño.

  En la noche el Monarca no pudo dormir por miedo del diablo.  Porque al Monarca lo regaña el SubMoisés, y lo regaña el Capitán Marcos.  Si también lo va a regañar el demonio, pues no está cabal.

  Pero el niño así aprendió más de las hormigas, de cómo están organizadas, y de los cargos y trabajos que tienen.

-*-

  Una vez, después de que llovió muy fiero, o sea, después de una tormenta, el niño fue a mirar cómo estaba un hormiguero que había cerca de su champa.  Alrededor de la entrada del hormiguero había pequeños arroyitos de agua.

  Y las hormigas que salían de la boca del hormiguero estaban como confundidas, dando vueltas de un lado a otro.  De pronto, una de ellas se mete al agujero y detrás de ella salen otras hormigas, pero como marchando, como si fueran un ejército.

  No hay quien manda, pero las hormigas soldados rápido se organizan y se agarran de las patitas unas y otras, y hacen como un puente sobre uno de los arroyitos y ya entonces las demás hormigas agarran camino y cruzan el puente y van donde les toca ir por alimentos y para explorar.

  Ya que el sol seca los arroyitos, las hormigas soldado se sueltan y vuelven al hormiguero, y salen de nuevo a su trabajo que les toca.

  El niño queda muy impresionado por esto que miró y queda pensando.

-*-

  Otro día, cuando están en la escuela con la promotora de educación enamorrada y distraída -suspirando de amor la pobre-, llegan los GALes de ese pueblo y le dicen a la maestra que en la asamblea general de GALes, máxima autoridad zapatista, se acordó invitar al SubMoy a que da plática, y que ese día le tocaba en ese pueblo, y el SubMoy preguntó por la escuela y le mostraron, y dijo el SubMoy: “voy a dar plática del común a las niñas y niños, para que desde pequeños entienden lo que se está haciendo”.

  Y en eso entra el SubMoy al salón, pero la promotora de educación acaso se da cuenta y está en un rincón nomás suspirando y suspirando por su amor lejano.

 Entonces el SubMoy se da cuenta de que la compañera ni siquiera lo ha visto y saluda a los niños y niñas.  “Buenos días”, les dice, “yo me llamo Subcomandante Insurgente Moisés y les voy a dar una plática”.

  Y, de una vez, empieza el SubMoy a explicar lo que es el común y las pirámides y el trabajo político y las ciencias y las artes y la preparación militar para defenderse y todo eso.

  Y las niñas y niños se quedan callados, como que no entendieron nada, así como se quedan callados los del interzona, que no quieren participar porque rápido se descubre que no entendieron nada porque estaban distraídos con el celular o metiéndose el dedo en la nariz.

  Entonces, como todos están callados y hasta los GALes del pueblo están mirándose las botas como que tienen mucho lodo, o sea que están haciéndose patos y patas, el SubMoy pregunta a los niños y niñas si entendieron la explicación.

  Nadie dice nada, todo en silencio, y hasta el subMoy piensa que está en una reunión del interzona, y ya se va a ir cuando un niño levanta la mano.

  El SubMoy se detiene en la puerta y se regresa y le dice al niño que diga su palabra.

  El niño sólo dice “Hormigas”.

  El SubMoy hace su ojo así, como que no entiende nada, y le dice “bueno, a ver explica eso de hormigas”.

  Y el niño empieza a contar lo que miró en el hormiguero, de cómo estaban organizadas las hormigas, y cada quien su trabajo, y se apoyan, y se enseñan y hasta se curan entre sí, y lo que pasó después de que llovió y cómo un grupo de hormigas su trabajo era cuidar, proteger y apoyar a su comunidad de hormigas.

  El SubMoy lo escuchó con atención, volteó a ver a los comités que lo acompañaban y los miró como diciendo “¿No les da vergüenza que un niño sí entiende y ustedes que ya están grandulones no saben explicar?”  Los comités siguieron haciéndose patos y patas, como que no están ahí.

  Entonces el SubMoy lo felicitó al niño y le preguntó cómo se llama. Y el niño respondió “Condenado Chamaco del Demonio”, pero uno de los GALes se acercó y le dijo al SubMoy que es un su nieto de una vieja pareja, zapatistas desde antes del alzamiento.

  El SubMoy le preguntó al niño por qué se llama así y el niño señaló con la mirada a la promotora de educación que seguía suspirando y dijo “por culpa del amor”; luego el niño miró al formador de educación y agregó “y por culpa del desamor”.

  El SubMoy se rio un buen rato, mal miró a la promotora, mal miró al formador, y lo invitó al niño a comer con él tamale crudo que habían preparado las compañeras cocineras de ese pueblo.

  Puras solteras, dijo el Capitán Marcos, porque no saben hacer tamale y por eso no agarran ni una gripa, menos van a agarrar pareja.

  En realidad, era su maña del SubMoy para que el niño comiera el tamale primero y si no le hacía daño, entonces ya comía también el SubMoy.

-*-

  Al Capitán no le dieron ni el saludo.  Quien le manda andar mal hablando de las cocineras.

  Pero el Capitán no se preocupó, porque se comió todo el dulce de chamoy y las paletas de malvavisco que eran para el Comando Palomitas.

  Y al final, igual le dolió su panza al Capitán por comer mucho dulce.

Tan-tan.



El Capitán.

Enero-febrero del 2026.

 



domingo, 15 de marzo de 2026

EL ARTE ES UNA MALDICIÓN

EL ARTE ES UNA MALDICIÓN

24 de febrero del 2026.

Damas, caballeros y quienes no son los unos ni las otras:

  Antes que nada, queremos agradecer a Gabriel Pascal, David Olguín, a Philippe Amand y a toda la banda que hace posible este evento.  A Steph por su incondicional complicidad.

  También agradecemos a Lenin y a Marina, quienes han tenido la bondad de leer nuestras participaciones.

  Quiero aclarar que no fuimos invitados a este homenaje al maestro Luis de Tavira.  Digo esto no como reproche, sino como prueba de descargo para quienes, en buena oportunidad, organizaron esta reunión.  Sirva el presente texto para que puedan lidiar con reclamos, mentadas de menta y de las otras, procesos judiciales y lo que se derive del caso, o cosa, según.

  Entonces se puede decir que estamos aquí de “colados”.  Imagino su desagrado, pero tomen en cuenta que sería peor si hubiéramos dado “portazo”, esa sana costumbre ciudadana de meterse sin tener invitación, ni paga para los boletos.

  Celebramos así no sólo que sus cercanos saluden al maestro, también y sobre todo para manifestar el abrazo de quienes, sus lejanos, lo pensamos.

  Y esta celebración, en la que el maestro viene siendo como el pretexto, nos plantea varias cuestiones.  A saber: ¿qué es lo que posibilita que converjan, en una geografía y un calendario, comunidades tan distintas y lejanas?  Porque eso son quienes aquí se encuentran presentes -algo de lo mejor de la comunidad artística-.  Y, bueno, nuestras palabras son para hacer presentes a quienes están alejadas: algunas de las comunidades indígenas, originarias de raíz maya -las zapatistas-.

  Una comunidad artística y comunidades indígenas coincidiendo.  Diferentes encontrándose sin dejar de ser lo que son.  Y un maestro teatrista, Luis de Tavira, como convocante involuntario.

  A las primeras las convoca el arte dramático.  “El reto artístico supremo”, solía decir el finado SupMarcos -que diosito lo tenga en su santa gloria y la virgen santísima lo colme de bendiciones-, para diferenciarlo de las otras artes.  Y supongo, sin que me conste, que el difunto se refería a que la realidad acosa al Teatro (así como a la danza y, en algunos casos, la música) en un presente vertiginoso.  A diferencia del cine, las artes gráficas, la escultura, la literatura y la arquitectura, por ejemplo, donde el acto artístico se crea en un espacio diferente a donde se confrontan con las personas escuchas-videntes y no videntes, el teatro se relaciona con lo otro en una situación espacio- temporal especial.  Lo que hace que la geografía y el calendario sean creados también como parte de esa creación artística.  Así, cuando se dice “teatro”, se refiere lo mismo a la obra representada y al espacio donde se confronta a veces.

   Estamos así aquí -nosotros los pueblos zapatistas-, bajo protesta de quienes organizaron este homenaje, en un espacio teatral llamado “El Milagro”, tal vez porque el ejercicio del arte dramático, al menos en México, es un milagro logrado pese a todas las dificultades que se topan.

  Pero, en los tiempos sombríos de una Inteligencia Artificial que acosa a las artes, el teatro parece estar a salvo.  Al menos por ahora, parece imposible que un organismo cibernético pueda emular esa confrontación maravillosa que se da entre los teatristas y el público.

  Parece difícil (al menos ahora), que la Inteligencia Artificial pueda aproximarse siquiera a las distintas caracterizaciones del personaje de Adela, en La Casa de Bernarda Alba, quien, con el fuego del amor prohibido, desafía al autoritarismo:

  “¡Aquí se acabaron las voces de presidio! (Adela arrebata un bastón a su madre y lo parte en dos).  Esto hago yo con la vara de la dominadora. No dé usted un paso más. ¡En mí no manda nadie más que Marcos!”

(Ok, ok, ok, el texto original dice “Pepe”, pero digamos que es una licencia poética).

  Cierto, tienen ustedes razón en que no es inocente que haya yo elegido una obra de teatro de Federico García Lorca, alguien diferente, distinto, acosado y asesinado por ser quien era y por la causa que abrazaba.  Tampoco es gratuito que haya escogido un parlamento de una mujer rebelde.  Ni puede ser ocioso que una artista, Marina, lea este texto.

  Pero en realidad, lo que me ha movido a esta mención es el amor subversivo que en esa obra se decanta.  Y, claro, el reto escénico que esas breves líneas plantea a cualquier hombre, mujer u otroa teatristas: Adela rompiendo el sepulcro blanqueado en el que, junto al resto de sus hijas, Bernarda Alba las tenía encerradas.

  Y todo esto viene al caso, o cosa, según, porque, en el pasado semillero de diciembre de 2025, Don Luis de Tavira, el maestro, fue el único que entendió lo que pretendimos al introducir, en los temas, los del amor y el desamor.  Cuando le escribí invitándolo, le dije que lo más probable era que ninguno de los ponentes tocara esos puntos, además de nosotros, claro.  Así que no tenía por qué preocuparse de eso.  Él entendió inmediatamente que eran precisamente ésos los temas más importantes de ésa y de todas las reflexiones habidas y por haber.  El maestro aceptó el reto (en realidad, el teatro en sí es un reto).  Y su participación, a la lejanía -como estas palabras-, centró el misterio por develarse: el amor y el desamor.

  Brillante, como de por sí, el maestro reveló y rebeló el leit motiv de la historia humana, de sus éxitos y sus fracasos, de sus ascensos y caídas, de guerras escondidas detrás de desamores y de amores escondidos detrás de guerras, de resistencias y rebeldías.

  En su participación, el maestro dice que yo dije lo que en realidad él dijo: el arte es una declaración de amor a la humanidad.  Y si él dijo que yo dije lo que él dijo que dije que él dijo, entonces no se trata de una confusión, sino de una feliz coincidencia.  Una coincidencia entre dos lejanías, como las que se encuentran hoy aquí, de milagro, en El Milagro.

  Debéis ser fuertes: en este amor terrible y maravilloso, en el arte, camináis al desamor.  Porque la humanidad no os corresponderá.  Ella es díscola, rejega, ingrata, pérjida, romántica insoluta -como bien definió el filósofo mexicano Salvador Flores Rivera-.  Y aun así debéis perseverar.  Así es como podréis entender que las artes son una maldición.  Una maldición hermosa, cierto, pero maldición, al fin y al cabo.

  Ahora imagino los gestos de Steph, quien es coautora de esta irrupción.  Debo decir, en su descargo, que no ha sido sólo cómplice de éste, y que hay otros crímenes en el horizonte que esperan la misma dedicación y compromiso de su parte.  Porque el teatro, amigas y enemigas, es eso también, es decir, complicidad, dedicación y compromiso.

  Imagino también la risa contenida de Marina, a quien le hice saber que se trataría de un texto serio, y que debía leer en el momento, sin conocerlo con antelación.  No sólo, también le dije que el guion exigía que se peinara, algo que ustedes constatarán o no, depende si se impuso o no su disciplina artística.  Supongo que hará gestos de desagrado y reproche.  Un mohín de incomodidad, o de preludio a un lloriqueo fingido, no vendría mal en el momento de llegar a estas letras.  Gracias Marina, pero creo que necesitas practicar más, los pucheros, frente al espejo.

  Porque eso es también el teatro, un espejo que refleja lo mejor y lo peor de la humanidad, que interpela a la imaginación del espectador y que lo vuelve cómplice embozado tras un aplauso o una rechifla o un reclamo iluso de “¡devuélvanme el costo del boleto, y agreguen el precio del taxi de aplicación, mi valioso tiempo, y más el IVA!”, por aquello de que el SAT, el Sistema de Administración Tributaria, se ha convertido en la migra, el ICE, que persigue artistas como si el arte fuera un negocio y no lo que es en realidad, es decir, un milagro.

-*-

  Pero no se distraigan.  Al maestro le ha tocado el papel de pretexto, papel que él ha asumido, imagino, bajo protesta.  Pero el tema central de este encuentro es el teatro.  O, más en general, las artes.

  Ya antes, hace un año, hice un símil entre el director de teatro y el mando militar.  No importa cuánto ensayen o practiquen, a la hora de enfrentar la realidad (la confrontación con el público en el caso del Teatro (también la Danza y, en algunos casos, la Música), y con el enemigo en el caso del combatiente), no hay oportunidad de repetir la escena.  Tal vez eso explique la simpatía espontánea que aprecié en el encuentro de Artes de hace un año, entre ellos dos, cuando el Subcomandante Insurgente Moisés y el maestro Luis de Tavira compartieron la mesa y la palabra-. Estuvimos con Steph y un servidor como flancos guardianes, y las participaciones de Iván Prado, los Zurdos, y, desde otra lejanía, Antonio Ramírez.

  Por esto he dicho antes que el arte dramático, como la danza, representa un reto mayor.

  Y más: en el teatro confluyen, en el instante fugaz de la representación, multitud de factores.

  Las partes que el todo reclama para constituirse en arte.  La iluminación, el vestuario, la escenografía, la sonorización, y hasta los anuncios, el boletaje y el acomodo de los asistentes.  Ahora imagino a Gabriel, a Philipe y a David preguntándose si somos los únicos colados, porque hay asistentes que, se sospecha, sólo llegaron para ver si había coctel y ambigú.  Y ya comentan, entre dientes, que sólo hay un agua azucarada de sabor indescifrable, y un triste sándwich que conoció mejores días.  Claro, todas, todos y todoas sonríen y dicen en voz alta “¡Ah, el teatro!”, mientras se acercan sigilosamente a la salida.

-*-

  Ya les advertí, no se distraigan, concéntrense.

  Mucho se ha hablado del teatro como diversión, como denuncia, como reflexión y como recurso didáctico.  Así las cosas, un maestro o una maestra de teatro, en realidad son educadores de educadores.  Acá les decimos “formadores”.  Hay formadores de educación -que forman promotores de educación-, formadores de salud -que preparan a promotores de salud, primeros auxilios, medicina preventiva, parteras, herbolaria, laboratoristas y, algún día, formarán carniceros o “mete cuchillo”, que es como llamamos a quienes le saben a las cirugías-.

  En fin, tenemos al teatro como diversión, como denuncia, como imagen de época y cultura, como reflexión y como pedagogía.

  Seguro hay más filos en el erizo del arte dramático, pero yo les voy a señalar una espina que tal vez ignoran.  Esto es, el teatro como amor y desamor.

  Y para esto, les traigo un cuento que conté en una reunión donde se encontraban jóvenes y jóvenas coordinadores de arte y cultura, así como no pocos teatristas, hombres y mujeres zapatistas.

  El cuento se llama…

(continuará)

Desde las montañas del Sureste Mexicano.

 


 







El Capitán.
México, marzo de 2026.