LLEGAMOS. SupGaleano

LLEGAMOS.

20 de junio del 2021.

  Serían las 06:59 –hora de México- del día 20 de junio del 2021, cuando, desde La Montaña y por entre un horizonte brumoso, se avistó tierra de la península ibérica.  Serían las 09:14:45 cuando el navío fondeó en la bahía de Baiona o Bayona, Galicia, Estado Español, Europa.  De ahí queda cerca, “a tiro de piedra”, la geografía llamada Portugal, y un poco al Noreste se avista Vigo.  Tod@s bien de salud.  Por cuestiones de papeleo y etcétera, La Montaña y el Escuadrón 421 permanecerán aquí hasta, tentativamente, el día martes 22 a las 1700 –fecha y hora de Vigo-, en que se hará el desembarco.  La Guardia Civil del Estado Español abordó la nave, tomó los datos de la tripulación y pasajeros, revisó los pasaportes y realizó el chequeo de rutina.  Sin novedad.  Condiciones climatológicas: nublado, lluvias ligeras pero frecuentes, 15 grados centígrados.

   Al poco tiempo se acercaron varios veleros con compas de la Europa insumisa, para dar la bienvenida… o para comprobar si eran ciertos los rumores que corren por los barrios, campos y montañas del mundo: “los zapatistas han invadido Europa”.

  En tierra, al pie de lo que parece un faro, otro grupo gritaba algo como “¡Nos rendimos!”… Nah, es broma.  Gritan que Zapata Vive, que Bienvenid@s, que… no se entiende bien.  Portan pancartas y dibujos.  Hasta donde se alcanza a ver, no hay señales obscenas –lo que puede indicar que no nos han repudiado… todavía-.  Algún desubicado porta un cartel que reza: “Comedor La Palomita Insurrecta. Caldo Gallego, Empanadas Ídem y Xoubas.  Descuentos especiales a Invasor@s, escarabajos y gato-perros”.  En otro cartel se lee “¡Sáquenme de aquí!”.  Las personas más prudentes usan las pancartas como paraguas.

  El cielo europeo llora conmovido.  Sus lágrimas se confunden con las que humedecen las mejillas –curtidas a sol, mar, angustias y adrenalina-, del intrépido Escuadrón 421.  En sus pasos, en sus miradas, en sus latidos, los pueblos mayas -así dirá la leyenda-, cruzaron el Atlántico en 50 días con sus noches, en su larga y accidentada travesía por la vida.

  Afuera hace frío, pero dentro, en la geografía del corazón, algo como un sentimiento entibia el alma.  En las montañas del sureste mexicano el sol sonríe y, del equipo de sonido, salen alegres las primeras notas de una cumbia.

  Claro, falta el desembarco, el traslado de la delegación aérea, la organización de la agenda, los encuentros,… y la fiesta de la palabra.

  Es decir, falta todo.

SupGaleano.
Junio del 2021.

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La Calamidad Zapatista. SupGaleano

 La Calamidad Zapatista.

(Que narra la historia del encuentro del SupGaleano y la Calamidad, con el agregado de la Historia del Maíz Palomero y, en la sección deportiva: el primer partido de futbol mundial; así como otros infelices -para el Sup- acontecimientos)

Notas de cabeza de página (nomás por joder a las de pie de página):

 (1) Una primera versión de esta historia fue contada, de viva voz, en el Segundo Puy ta Lecuxlejaltic, celebrado en el Caracol de Tulan Kaw en diciembre del 2019.  Como texto era inédito, hasta ahora.  En esta versión se mantiene el corpus original y se agregan algunos detalles que pueden ayudar o no a que más de uno se desespere, acostumbrado como está, tal vez, a lecturas mínimas en ideas y extensión.  Es posible que usted detecte algunos spoilers sobre lo que ahora se conoce como “Travesía por la Vida”.  No preocupar, suele suceder que el zapatismo enuncie cosas que no han sucedido todavía.  Esa irresponsabilidad zapatista es ya legendaria, así que deje de quejarse y mal hablar.

 (2) Lamentablemente, este texto no tiene los efectos especiales que se usaron en el mencionado caracol, y que le valieron, al SupGaleano, 7 nominaciones para “La Palomita de Cartón”, máximo galardón que se entrega a quien mayor número de tazones de palomitas de maíz , con harta salsa picante, consuma… sin recurrir a antiácidos.  Nivel “con o son película”.

 (3) Warning: las siguientes narraciones pueden contener imágenes que escandalicen a quienes carecen de imaginación, inteligencia y cosas igualmente sin valor en la modernidad.  No se recomienda su lectura a adultos mayores de 21 años, a menos que sean supervisados por infantes menores de 12 años.  ¡¿Cómo?! ¿Va usted a leer a pesar de esta seria advertencia?  No le digo, si ya no hay valores, oiga.

 (4) La narración está inspirada en hechos reales.  Los nombres se mantienen para deslindar responsabilidades ante la Comisión de Justicia de la Junta de Buen Gobierno…  ¿Qué?, ah, claro, puede usted dudar de la veracidad de lo que aquí se narra, pero… ¿no dudó usted también de que los zapatones iban a invadir Europa? ¿Ah, verdad?  Todos los seres que aquí se detallan, existen en la realidad.  Si alguien no se imagina que esto sea posible, no es culpa de la realidad.  Más bien es que le falta imaginación.

 (5) ¿Eh?, no, no le estoy regañando, estoy, como quien dice, dándole el contexto de lo que sigue y que es…

-*-

  Ésta es la historia de una niña zapatista a la que nadie quería, porque era, y es, diferente entre los diferentes.

  La niña que les cuento nació en una comunidad indígena zapatista.  El nombre de su pueblo, región o zona, no importa ahora.

  Lejos de los espejos siempre, ella creció mirando y escuchando el mundo a través de la mirada y el oído de otras niñas y niños.  Ella nació grande y es una niña grande.  Y cuando digo grande, me refiero a su tamaño, su estatura y peso, no a su edad cronológica.  Pero, como ya les dije que miraba según la mirada de las niñas y niños de su edad, ella no era consciente de su diferencia.

  En su idea de sí misma, ella era tan pequeña como el resto de las niñas y niños de su generación, ahora entre 3 y 6 años de edad.

  Cuando nació, se cayó a los pocos días.  Ya saben ustedes que la costumbre de las mujeres indígenas es que, después del parto, no tardan en reincorporarse a sus trabajos.  Con el reboso cargan a la cría como mamá canguro, ahí el producto o producta come, duerme y hace las necesidades que llaman primarias  (o sea 25 y 50 –orinar y defecar, para los neófitos-).  Con la creatura incorporada a su propio cuerpo, la mujer maniobra con el reboso mientras hace sus trabajos, y, no pocas veces, se tercia el reboso a la espalda.  Ergo, las mamaces son superiores a las canguras.

  En fin, esto le da a la creatura una superioridad sobre quien la creó, porque puede mirar lo que su madre no.  Así, la cría mira lo que mira la mamá cuando la trae al frente; y mira lo que no mira su madre, cuando está a su espalda.  Y ambas perspectivas sin abandonar la cercanía íntima con su creadora.

  Esta doble mirada, que les puede parecer normal a quienes nacen, crecen, viven y mueren en una comunidad indígena, le permite a la creatura escapar de la censura.  Es decir, puede mirar cosas que tal vez la madre no quiere que mire, o no todavía.

  Oh, lo sé.  Estoy especulando desde el mundo adulto sobre el mirar de la niñez temprana, pero esto es un cuento o una historia que ustedes nunca sabrán si ocurrió u ocurre realmente; o fue inventada en esas madrugadas solitarias, pobladas de café y humo de tabaco, que se reiteran en las montañas del sureste mexicano.

  Así que, volviendo a la niña, sus primeros días no se diferenciaban mucho de los del resto: en veces miraba lo que miraba la madre: el fogón, el altero de leña, la olla, los platos, la cuchara, el arroyo y la cubeta, los animales, el creador cómplice (“papá”, le dirá después) y, tal vez, las demás creaturas de diversos tamaños que corrían y trabajaban y a quienes llamará luego “hermanos” o “hermanas”, y serán su primer conflicto.  Porque, como todos ustedes saben, hermanos que no pelean entre sí, no son hermanos.

  Cuando le tocaba estar a la espalda, la niña miraba otro mundo.  Ahí podría ser que le diera miedo lo que aparecía y se refugiara dentro del reboso, tal vez pensando: “no, demasiada información, ahora debo concentrarme en lo esencial en este mundo: llorar, comer, cagar, dormir, repite”.

  O podría ser que no se escondiera.  Podría ser que sus ojos se abrieran más y sus manitas trataran de alcanzar el vuelo de un ave, o a ese pato (sin agraviar) que, sí, caminaba muy otro pero, ¿quién era ella para criticar, si ni siquiera sabía que esas dos cosas que tenía al final inferior de su cuerpo servían para algo más que tratar de meterlas en la boca?

  Lo que pasó le pudo pasar a cualquiera.  La madre, atareada en acomodar la leña, se terció a la espalda el reboso y no se dio cuenta de que, en el movimiento, quedó expuesta la parte inferior y la niña, como les dije que era grande y pesada, se resbaló y cayó al suelo con un “plop” casi imperceptible, porque el charco con lodo en el que aterrizó aminoró el impacto.

  No todos los accidentes son desafortunados.  A la niña no le dio tiempo de llorar porque, justo en ese momento, pasaba la mamá cucha, una gran cerda, con varios cuchitos persiguiéndola.  La niña se unió a la procesión y, gateando, iba detrás como un cuchito más de la pequeña piara.

  ¿La mamá?  Ni en cuenta.  Fue hasta que regresó el marido de la milpa y le preguntó por la niña, que la mamá se dio cuenta de que el reboso a su espalda pesaba menos que de costumbre.

  Empezaron a buscar a la niña, pero no tardaron mucho en encontrarla: sentada junto con los cuchitos, la niña se divertía con el lodo y abrazaba a un cuchito que no estaba nada feliz con la muestra de cariño, porque, ¿ya lo dije?, la niña era grande y fuerte.

  El hombre rio de buena gana y fue por su celular para tomarle una foto, pero la madre dijo lo que todas las mamaces que en el mundo son y han sido, dirían en un caso semejante: “¡Niña, eres una calamidad!”

  Puesto que la niña ya gateaba, dejó el reboso -lo que la espalda de la compañera agradecía profundamente-.  La niña, además de grande, era curiosa.  Una vez se le ocurrió probar qué pasaría si envolvía el leño encendido que cayó del fogón con un trapo.  El asunto es que el trapo era el medio fondo de la compañera.  La mamá se dio cuenta con el olor a nailon quemado y gritó: “¡Niña, eres una calamidad!”.

  Un día, su mamá la llevó al mercado en la cabecera municipal.  Mientras la señora buscaba un medio fondo para reponer el quemado, la niña se acercó a una pirámide de latas y le pareció que las latas de mero abajo no estaban cómodas, así que quitó una de la base.  El estrépito se escuchó en todo el galerón del mercado.  El dueño del puesto tomó a la niña en brazos y la entregó a su mamá diciendo: “Señora, su niña es una calamidad”.

  Cuando se encontraban de nuevo, después de una larga jornada de trabajo, cada quien en lo que le tocaba, el señor y la señora intercambiaban informes.  En su turno, la mamá iniciaba: “esta niña es una calamidad”, y seguía con una larga lista de travesuras.

-*-

  Como todos no deben de saber, los niños y niñas no respetan la champa del SupGaleano.  No importa cuántas trampas y obstáculos ponga el Sup, siempre encuentran el modo para aparecer en el dintel de la puerta pidiendo mantecadas, un balón, o simplemente un cuento.

  Una tarde apareció una niña grande de cuerpo.  El SupGaleano, con ese tacto diplomático que le caracteriza, le preguntó: “¿Tú quién eres? No te conozco.”  La niña, como es lógico, respondió: “Yo soy una Calamidad”.

  Al SupGaleano le cayó en gracia la honestidad de la niña, así que la dejó estar en la champa hasta que su mamá llegó a buscarla.  La señora se deshacía en disculpas y es que su hija era una calamidad.  El SupGaleano, que siente empatía por la niñez -tal vez porque él mismo no llega ni siquiera a la pubertad-, sólo murmuró: “pues la niña no lo hurta, lo hereda”.

  A partir de entonces, la niña Calamidad aparecía de tanto en tanto en la champa y, como es de deducir, hacía una calamidad.  Por ejemplo, la niña había observado que el SupGaleano regañaba al gato-perro porque se orinaba en el suelo y la pared de la casita.  Un día llegó su gana de 25 de la Calamidad y se subió al colchón todo hollado y quemado del Sup -porque el Sup es un irresponsable que fuma pipa en la cama (no es cierto, es decir, sí soy irresponsable pero no es el tema, el colchón ya estaba hollado de por sí y a veces estornudo y ya se imaginan)- y se hizo de 25.  El Sup se embraveció y le preguntó a Calamidad por qué hacía así.  Y la Calamidad, con esa lógica apabullante de la niñez, le respondió: “Pos dijiste que no se hagan 25 en el suelo”.

  El Sup no supo qué decir y con el trapeador hizo lo que pudo para limpiar el colchón, que tampoco era como para presumir.  Entre que una familia de ratones lo había agarrado de vivienda y las quemadas de las briznas de tabaco que se caían de la pipa, pues tampoco era para que el Sup se pusiera remilgoso.

  Y para corroborarlo, el gato-perro lo miraba al Sup con cara de: “ahí está, yo soy un santo comparado con la Calamidad”.  Y por lo mismo, el gato-perro simpatizaba con la niña.  Sus travesuras parecían mínimas comparadas con las de la temible Calamidad.

  Así que la niña, el Sup y el gato-perro se llevaban bien, tal vez porque los tres eran disfuncionales.  O sea que digamos que nunca llegarán a ser unos ciudadanos modelos, ni ganarán premios, ni tendrán puestos gubernamentales o cosas igualmente horribles.  A pesar de eso, cuando llegaba la pandilla de Defensa Zapatista, la Calamidad se escabullía, porque sabía que no era bien vista por el resto de la humanidad.

  Pero, como decía el finado SupMarcos (que diosito lo tenga en su santa gloria y la virgen santísima lo colme de bendiciones): “cuando creas que no puede pasar algo peor, siempre puede aparecer la pandilla de Defensa Zapatista”.

  “Las desgracias nunca andan solas”, digo yo, así que no tardó en ocurrir que confluyeran una serie de fenómenos en lo que sería el antecedente de la tormenta perfecta.

  Sí, llegó el día, aunque más bien era tarde, en que la Calamidad entró al selecto grupo de Defensa Zapatista, cuya segunda al mando, Esperanza Zapatista, no hacía sino reiterar lo paradójico de su nombre…

 

CALAMIDAD Y LA BANDA DE DEFENSA ZAPATISTA

  Era una tarde en las montañas del Sureste Mexicano.  En el potrero de la comunidad, un grupo de niños y niñas jugaban con un balón.  Bueno, eso podría parecerle a quien no conozca a esa banda.

  En realidad se trataba de un riguroso entrenamiento del equipo infantil de fútbol de Defensa Zapatista.  Ahora mismo están practicando el contragolpe, maniobra que Defensa Zapatista explica así: “Hagan de cuenta que vienen con el balón los malditos enemigos del equipo contrario, que son más grandes que nosotras, que juegan mejor que nosotras, que todo el público los apoya, que están mejor alimentados que nosotras, mejor entrenados que nosotras, que tienen el uniforme cabal y que estamos en su cancha o sea que ellos son locales. ¿Qué hacemos?”.

  El Pedrito se encoge de hombros, las hipótesis de Defensa Zapatista siempre le parecen erróneas de principio y mal planteadas.  El caballo choco deja por un momento de masticar la botella de plástico, parece que lo piensa un momento, y luego sigue masticando como si nada.  El gato-perro se pone detrás de Defensa, así que parece que él también espera la respuesta.  La Esperanza Zapatista se da cuenta de que es la única que queda, entonces se arma de valor como mujeres que somos, nada de que nada, resistencia y rebeldía, y levanta su manita.  Defensa Zapatista respira con alivio y dice: “A ver, Esperanza, ¿qué hacemos?”.  La Esperanza Zapatista carraspea un poco y, siguiendo el método zapatista fundado por el finado SupMarcos, responde: “¿Corremos?

  El gato-perro mueve la cola con aprobación.  Pedrito está a punto de decir que la respuesta-pregunta de Esperanza abre un nuevo terreno epistémico.  El caballo choco sigue masticando pero ahora con más enjundia.

  Defensa Zapatista se mesa los cabellos y grita: “¡No! Nada de correr.  Nada de que nada, resistencia y rebeldía.  Lo que hacemos es dar un contragolpe.  Un patadón pues, que aviente la pelota muy lejos.  A ver, Pedrito, tú patea el balón”.

  El Pedrito será muy trucha para la teoría del conocimiento y los paradigmas epistemológicos, pero siempre patea chueco.  Así que el balón, en lugar de ir a la cancha contraria, va a caer a la pequeña laguna que está a un costado del potrero… perdón, del campo de entrenamiento de alto rendimiento autónomo, permiso de la Junta de Buen Gobierno, número no-sé, sede en el Caracol de Tulan Kaw, domicilio conocido.

  La pandilla se agolpa a la orilla y mira con desolación que la pelota ha quedado flotando justo en medio del mar inhóspito…  ok, en medio del charco, porque la “laguna” no mide más de 10 metros de diámetro y no rebasa los 50 centímetros de profundidad.

  La Esperanza Zapatista, con ese optimismo que su nombre delata, dice: “Seguro hay tiburones muy fieros, de ésos que ni te mastican.  Ahí nomás te tragan y mueres cruelmente en la panza del tiburón, en medio de pescaditos y botellas de plástico que se zampó antes”.

  El caballo choco para las orejas cuando escucha “botellas de plástico”, pero no se mueve.

  Mientras Esperanza ha descrito ese bello cuadro impresionista modelo “Sharknado”, el Pedrito ha consultado en su celular y aclara:

  “Imposible, no hay tiburones en agua dulce.  Por lo tanto, no hay nada que temer de esos selaquimorfos”.

  Todos respiran aliviados.  Pero el Pedrito prosigue: “por otro lado, es muy probable que haya cocodrilos” y señala algo parecido a un tronco que flota en la lagunita.  Todos se estremecen.

  El gato-perro, por su parte, es perro pero es gato, así que nada de mojarse.

  Defensa Zapatista razona: “bueno, de todas formas ya estaba viejo ese balón, que tal el Sup tiene otro guardado, o que pida uno con los ciudadanos.”

 Mientras toda la pandilla está tratando de disfrazar de prudencia su miedo, la Calamidad, que ha estado observando todo desde un su escondite, sale, se mete al agua, recoge el balón, regresa con él, y lo pone frente a Defensa Zapatista.

  La pandilla, después de salir de su estupor, aplaude a rabiar, intenta levantar en hombros a Calamidad pero pesa mucho, así que optan por darle unas palmaditas en la espalda.

  Recuperado el balón, Defensa Zapatista empieza a dar nuevas instrucciones, pero, cuando voltean a mirar, Calamidad ha vuelto a lanzar el balón al agua.

  Defensa le pregunta: “¿Qué hiciste?”, y, como respuesta, Calamidad se vuelve a meter al agua y saca de nuevo el balón.  Le vuelven a aplaudir.  La tercera vez que lo hace, la pandilla recibe la pelota con un silencio sepulcral.

  A la quinta vez tienen que agarrar a Calamidad entre todos para que no vuelva a aventar el esférico al agua.  Calamidad se desconcierta: ¿Qué el juego no se trataba de eso?

  El equipo se retira un poco, guardando celosamente el balón, lejos de la compulsión de Calamidad; sólo Defensa Zapatista queda pensando y mira intrigada a la niña.  En su complicada mente, llena de estrategia y táctica futbolísticas, entiende ahora lo que le dijo alguna vez el finado SupMarcos: “la maravilla de la sorpresa, no está sólo en hacer algo inesperado, también en dónde hacerlo, cuándo hacerlo, con qué hacerlo… y con quién hacerlo”.  La carita de la niña Defensa Zapatista se ilumina.  Le pregunta a la niña: “¿Cómo te llamas?”  La niña responde: “Yo soy una Calamidad”.

   Defensa abraza a la Calamidad y le dice: “Tú vas a estar en nuestro equipo.  Y ahora te llamas la Calamidad Zapatista.”  Y, dirigiéndose al resto del equipo les comunica: “ya tenemos una nueva arma secreta”.  Todos miran aterrorizados como, mientras Defensa explica una nueva y compleja estrategia de juego a la que llama “resistencia y rebeldía”, la Calamidad avienta de nuevo la pelota al agua y, después de sonreír, se lanza al mar embravecido… ok, a la lagunita, para recoger el balón.

  Esperanza jura que una ballena monstruosa le acercó el balón a Calamidad.  Pedrito aclaró que no era una ballena, sino el Kraken que se había venido a refugiar a tierras zapatistas… ok, a aguas zapatistas.

El asunto es que la Calamidad estaba feliz porque tenía nuevos amigos, y no cualquier grupo de amigos: era la pandilla de Defensa Zapatista, la única que tenía en su contra órdenes de restricción en prácticamente toda la estructura organizativa zapatista.

  La Calamidad Zapatista tendrá unos 3 ó 4 años y, como es la más pequeña de edad, aunque no de cuerpo, les dice “doña” a las mayores, como le enseñaron.  A Defensa Zapatista le dice “Doña Defensa”, lo que no les cae en gracia ni a ella ni a Esperanza, que viene siendo “Doña Esperanza” a sus 8 años.

  Ya en su nuevo grupo, la Calamidad sintió la necesidad de avisarle a su antigua banda infantil.  Dio un sentido discurso de despedida a unos cuchitos que sólo la olfatearon y le mordieron el pantalón que portaba.  Los presentes juran que a la mamá cucha se le nublaron los ojos.

  Los Subs, el CCRI, las zonas, las JBG, los MAREZ, y todas las comisiones autónomas habidas y por haber, podrán quejarse lo que quieran, pero si algo hay que reconocerle a la pandilla de Defensa Zapatista es que se protegían unas a otros.

  Así que la Calamidad pudo ya asistir a los distintos actos públicos del EZLN a los que antes no podía por tenerlo prohibido, ya que se temía que fuera a hacer una calamidad.

  No era pues extraño que, en los eventos, se viera pasar una niña rodeada de una fiera escolta de milicianas.  Pero todos sabíamos que no la estaban cuidando a ella, sino a los asistentes, porque, bueno, era una calamidad.

El Pedrito le explicó así:

  “Es que la compañerita Calamidad, pues cómo te diré, pues es una calamidad.  Nadie la quiere, sólo el SupGaleano y Defensa Zapatista la quieren.  Y  nomás se hablan con el Sup y luego se ponen a cantar ambos dos mutuamente, la Calamidad y el SupGaleano.  Muy fiero cantan, como que les duele la panza.  Pero ellos piensan que cantan muy bonito.  Y hacen sus obras de teatro, pero nadie mira.  Sólo están los grillos.  Y el Sup dice que aplauden los grillos, pero qué va a ser, si los grillos nomás hacen su ruidero todo el tiempo, no es que aplauden.  Pero la Calamidad lo cree y hace su caravana para agradecer, que así le enseñó el Sup, y entonces el Sup le cuenta unas historias terribles y maravillosas mientras se atascan de palomitas”.

  Y precisamente ahora, en la champa, sólo están el Sup, el gato-perro y la Calamidad.  Y ahí nomás, de pronto, el Sup se echa en la boca un puñado de palomitas con salsa picante, da un trago de conocido refresco de cola, y empieza a contar…

 

La Historia del Maíz Palomero.

  Hace mucho tiempo, cuando el tiempo empezaba a caminar a los tumbos, como viejito bolo, los más grandes dioses, los que nacieron el mundo, se reunieron en una su asamblea y tomaron el acuerdo de encargar a la más sabedora de todos, Ixmucané, que hiciera a los hombres y mujeres de maíz.

  Pero los dioses varones eran muy tarugos, como de por sí, y no se dieron cuenta de que no se podía porque todavía no se había creado el maíz.  Entonces la Ixmucané les dijo: “Ah hermanitos, de plano no se puede creer, ¿cómo voy a hacer a la humanidad de maíz si todavía no existe el maíz?”  “Ta bueno”, dijeron los dioses varones, “pero ahí lo veas porque ya es acuerdo de asamblea y tiene que vas a cumplir”.

  La Ixmucané rezongó un buen rato, como de por sí rezongan las mujeres, que cómo quieren que haga si no hay cómo, que de plano no lo piensan los pinches varones, que ahora cómo le hago, que a ver qué llega en mi cabeza para resolver la problema.

  Mientras está pensando la Ixmucané, los dioses varones empezaron a mal hablar: que esa Ixmucané es una haragana, que no cumple el acuerdo, que se hace pato; o pata, dice otro; y otro uno: “y eso que todavía no hacemos los patos”, y así.  Y entonces se dijeron que por qué tienen que esperar a la Ixmucané si ellos son sabedores.

  Y entonces hicieron a los primeros hombres y mujeres de lo primero que encontraron, o sea de madera.  Entonces los hombres de madera no se mueven bien, caminan como que tienen calambre.

  Entonces hicieron otros de oro, pero son muy pesados y ni siquiera caminan.

  Y mientras los dioses varones están pensando cómo hacer, los hombres de oro obligaron a los de madera que los cargan y los llevan de un lado a otro y los alimentan y los honran.

  Y los dioses ya no saben qué hacer y entonces llega la Ixmucané y lo mira todo cómo está, y se embravece pues, y los regaña a los dioses varones, que por su culpa va a tardar eso de que los de oro esclavizan a los de madera.

  Y los dioses varones: “acaso fuimos nosotros, quién sabe de dónde salió eso, nosotros estamos ocupados en cosas importantes”.

  Y la Ixmucané: “nada de que nada, además de tarugos, cobardes que no se hacen responsables de las tonterías que hacen y a esto que mal hicieron le vamos a llamar patriarcado, porque puros machitos se malpensaron esa injusticia”.

  Y ya que les dio su buena regañada, la Ixmucané les mostró que ya lo creó ya el maíz.  Y entonces los dioses varones aplaudieron, y se felicitaron y dijeron que ellos habían tenido esa gran idea, y que Ixmucané sólo hizo en la práctica lo que ellos lo pensaron en la teoría.

  La Ixmucané ya ni dijo nada, pero traía en sus manos maíces de todos los colores y así fue creando a los hombres y mujeres que poblaron el mundo y también creó a loas otroas porque, dijo, es bueno que el mundo sepa que tiene muchos mundos dentro y no sólo los que se miran ahí nomás.  Se hicieron así los hombres, las mujeres y loas otroas, y los dioses se fueron a echar baile.

(Ilustración técnica mixta, Libe, Ciudad de México, 2021)

  Quedó la Ixmucané mirando sus manos y lo miró que no se acabó todo lo que usó para crear el maíz, que quedó todavía un poquito.  Entonces Ixmucané se pensó que faltaba otra lección para el mundo que entonces empezaba a andar.  Y entonces la Ixmucané creó unos maíces más pequeñitos y los echó en la tierra para que se nacieran.

(Ilustración técnica mixta, Libe, Ciudad de México, 2021)

  Tiempo después, ahí andaban los maíces de un lado a otro, trabajando para que tuvieran fuerza los hombres y mujeres y otroas que estaban construyendo el mundo.  Pero nadie le hacía caso a los maíces pequeñitos, los burlaban y los despreciaban.  Y todos los maicitos pequeños están como tristes porque nadie los toma en cuenta.  Entonces en la cabeza de un grupo de maíz pequeño llegó el pensamiento de que no está cabal así, que por qué los desprecian y no los toman en cuenta.  Y se inconformó.  Y ahí está el grupo de maicitos pequeñitos inconformados.  Y los demás maíces pasaban y decían: “bueno, pues ahí está ese grupo de maicitos inconformados, pero son muy pequeñitos, nadie los va a tomar en cuenta.

  Entonces los del grupo de maicitos pequeños quedaron pensando que así nomás no se puede, que todo va a seguir igual aunque se inconformen.  Entonces llegó la Ixmucané, que andaba haciendo la ronda en el mundo, para ver que se fuera haciendo todo cabal.  Y lo topa al grupo de maicitos y les pregunta que qué hacen.  Y los maicitos le cuentan de su inconformidad.  La Ixmucané se ríe pero no de burla, sino de cariño, y les dice a los maicitos: “bueno, miren hermanitos, es que no basta con que se inconforman, hay que ponerse en resistencia y rebeldía.  Quiere que se rebelan o sea que tengan rabia, coraje pues, y que se organizan”.

  Se fue la Ixmucané porque los dioses varones seguían haciendo tarugadas y ella tenía que ver de componer.

  El grupo de maicitos quedó pensando lo que dijo la Ixmucané y dijeron: “sale pues, nos vamos a enojar”.  Y empezaron a pensar en todas las humillaciones y desprecios que les habían hecho y más entraba su coraje y se calentaban de rabia.  Y más y más, y ya están colorados de tanto coraje y ya no se aguanta el calor y ¡pum!, que se revienta uno, y brinca y se pone esponjoso, luego otro y pasa un viento y los levanta.  Y todos se quedan admirados de que los maicitos vuelan.  Y los demás maicitos pequeños empiezan a hacer igual, y al rato revienta y brinca otro, y otro, y otros.  Luego muchos, y el aire se llena de maicitos reventados.

(Ilustración técnica mixta, Libe, Ciudad de México, 2021)

  Y una niña lo mira el aire y dice “parecen como palomas”.  Y un niño dice “sí, pero chiquitas”.  Y la niña: “eso, como palomitas”.  Y el niño, como de por sí son los niños, lo agarra una palomita y la come y dice “está muy sabrosa”; y la niña dice “sí, pero como que le falta algo”, y ahí nomás encuentra un frasco que la Ixmucané había dejado como olvidado y le pone a la palomita y como que pica pero así, sabroso.

  Y entonces la niña y el niño llaman a todos los niños y niñas y niñoas del mundo, y empiezan a pepenar los maíces voladores, y los ponen en un tazón y le echan la salsa picante y se ponen a comer hasta que les dio diarrea, pero como quiera la hacen una su fiesta.

  Y entonces los demás maíces todo lo miraban muy admirados y sorprendidos porque esos eran los únicos maíces que podían volar y entonces los respetaron ya a los maíces pequeñitos.  Y ya le quedó su nombre de “maíz palomero”, que quiere decir, “maíz que vuela y hace fiesta”.  Eso en un idioma que ahorita inventé.

  Y tan-tan.

  La Calamidad aplaude encantada.  El gato-perro no aplaude, porque se le han quedado atrapadas las patas en las palomitas con salsa picante y, paciente, se las está lamiendo, porque acá no se desperdicia nada… cuando de palomitas se trata.

  La Calamidad ha declarado que va jugar a las palomitas.  Se para en medio de la champa y empieza a aguantar la respiración y a hincharse, hasta que se pone roja y luego morada (como los niños cuando hacen berrinche), y el Sup está ya por darle un zape para que respire, cuando la Calamidad brinca y grita, al exhalar, “¡PUM!”; y mira al Sup esperando que haga la mismo, y como el Sup sigue comiendo como si nada, la Calamidad le dice “Bueno, ¿sos zapatista o no?”.  Al Sup Galeano le dan en la pata de palo así que contiene la respiración, pero con el humo del tabaco y las palomitas que le llenan la boca, sólo alcanza a toser estrepitosamente, arrojando pedazos de palomitas a medio masticar.  Y la Calamidad, con la carita llena de palomitas propias y salpicadas, aplaude entusiasmada porque, dice, el Sup ha hecho el sonido de muchas palomitas reventando.

  Y el Sup casi se ahoga, pero se alivió rápido cuando llegó la insurgenta de Sanidad y dijo “hay que inyectar”.  Todos corrieron, en primer lugar el gato-perro -no lo fueran a confundir con un Supcomandante-, y sólo quedó la Calamidad que ya se va, con la mochilita de la sanitaria, hacia la pequeña laguna donde un par de ballenas retozan y saltan, sabiéndose a salvo de los barcos de los pinches grandes capitalistas chinos-japoneses-coreanos que, en lugar de seguir sus usos y costumbres, o sea de hacer Anime, K-Pop (팬덤 군대 일어) y murallas, las quieren cazar para convertirlas en dólares, wons, yens, euros y los restos en pesos…

(Ilustración técnica mixta, Libe, Ciudad de México, 2021)

DE CÓMO EL EQUIPO DE DEFENSA ZAPATISTA GANÓ SU PRIMER PARTIDO INTERNACIONAL

  Cierto día, se realizó el primer partido internacional donde se enfrentaron el equipo intergaláctico de mujeres que luchan, contra el equipo muy otro capitaneado por Defensa Zapatista.

  La extraña estrategia de la directora técnica del equipo zapatista, parecía funcionar:

  Cuando el equipo contrario tenía el balón y pasaba a la ofensiva, la Calamidad entraba al campo de juego, tomaba el balón y lo lanzaba a la laguna.

  En ese momento, el equipo de Defensa Zapatista empezaba a esparcir rumores de tiburones muy fieros que habitaban en esa laguna.  El Pedrito aclaraba que no era posible, pero que seguro había cocodrilos gigantes.  La Esperanza contaba de una ballena enorme que, cada tanto, emergía con un pasamontañas blanco.

  En fin, el pánico era sembrado con una habilidad que olvídate de las redes sociales.

  Claro, la Calamidad entonces se volvía a meter al agua y volvía con el balón.  Y el equipo contrario, en lo que se llama fair play, la felicitaba y trataba de alzarla en hombros, pero cuándo, ni hablar.

  A la cuarta vez, el equipo internacional de mujeres que luchan pidió la expulsión de la transgresora que, cada tanto, arrojaba el balón al mar infestado de tiburones tigre, lagartos y caimanes, hidras, Krakens y hasta ballenas asesinas (así dijeron); pero resulta que se dividieron entre ellas, porque empezaron a discutir de la sororidad de género, de que expulsar a la Calamidad era una muestra de que el pensamiento heteropatriarcal contaminaba a las mujeres.

  Tardaron discutiendo, y cuando se dieron cuenta, el gato-perro hacía una pared de antología con la cabeza del caballo choco, que se había quedado dormido en el límite del área grande, y, con un estilo que ni Messi-Ronaldo, anotaba en el marco contrario, lo cual fue festejado no sólo por el público que abarrotaba el potrero, quiero decir, el estadio (aunque en realidad sólo estaban el SupGaleano, el Elías Contreras, y un solitario puesto de palomitas donde dos insurgentas se aburrían soberanamente), también por Defensa Zapatista, porque era la primera vez que el gato-perro no anotaba en su propia portería.

  La jueza silbó el final y terminó el partido.  La banda de Defensa Zapatista había conseguido su primer triunfo mundial.

  Nuevamente trataron de alzar en hombros a Calamidad, y nuevamente fracasaron.  Así que el festejo no encontraba forma de materializarse.

  Pero el SupGaleano resolvió todo cuando dijo que era un rumor, que no estaba nada confirmado, que tal vez se trataba de una fake-new; pero que él había escuchado que el Vlady le había entregado al SubMoy una caja de donas de muchos sabores.  Que el SupGaleano se lamentaba de que no fueran mantecadas, pero, como dice un dicho -que él inventó en ese momento-: a falta de mantecadas, donas; y que el SupMoy estaba ido en el festival de Cine, y que había dejado cerrada con llave la Comandancia General del ezetaelene, lo que era un problema, pero la solución estaba en que le había dejado la llave al SupGaleano quien, justo en ese momento, dejaba caer la llave delante de la pandilla; y que le iba a dar mucha pena decirle al SupMoy que perdió la llave en el estadio, ok, en el potrero, pero que la pandilla de Defensa Zapatista había apoyado y la habían encontrado; y “aquí está la llave SupMoy, cuéntame cómo estuvo el festival de cine”.

  Y que cuando el SupMoy se diera cuenta que de la caja con donas sólo quedaba el cartón, el SupGaleano le iba a informar que, en la pequeña laguna que está en el Puy, habían avistado a una gran ballena que, en la mandíbula, sostenía un pedazo de dona color arcoíris, lo que, intuía el SupGaleano, indicaba que podría tratarse no de una ballena, ni de un ballenato, sino de unoa ballenoa, y que nuestro deber como zapatistas era darle cobijo y apoyo, porque la diferencia no se debe perseguir ni castigar, sino festejar, por ejemplo, con un baile y, qué casualidad, el SupGaleano recién la había autocriticado a la comisión musical porque los compañeros musiqueros sólo tocaban la Yaquecita y que ya chole con ésa (la otra noche la habían tocado 53 veces), y con la de “así, así, así” (32 veces el baile anterior), y la Comisión Musical dijo “ahí lo vamos a ver”; y en eso los compañeros musicales se arrancan con la Cumbia del Sapito y, como todos saben, el sapito es primo hermano de la ballena; y en el sonido anuncian que hay baile, y entonces el corredero de gente, hasta las tercias y tercios dejan botados los equipos, y se llevan al SupMoy al baile…

(Acuarela. Fernando Llanos, Chiapas, 2019, fragmento del libro «Viaje a la realidad».  Ediciones Necias.)

  Y sólo quedan, solos, el SupGaleano y el gato-perro, que le ladra y le maúlla, y entonces el SupGaleano dice: “sabía que tú te ibas a dar cuenta”, y se quita la gorra y, diciendo la palabra mágica “alakazam”, saca una dona, de chocolate otra vez, la última dona de las montañas del sureste mexicano, y, como el chocolate se ha derretido y le quedó toda pegajosa la cabeza, el SupGaleano piensa cómo le va a hacer para limpiar el pasamontañas.

  Y, mientras comparte con el gato-perro, el SupGaleano empieza contar una historia terrible y maravillosa de una niña que se llama la Calamidad Zapatista quien, para mala suerte de los dos, se aparece en ese momento con la mezcladora de sonido de los tercios y les dice “¿Jugamos?”, mientras se dirige a la laguna para arrojar el aparato a donde unoas ballenoas saltan felices de que las tomen en cuenta.

  Y sí, ni modos, el gato-perro y el SupGaleano tuvieron que compartir la dona con la Calamidad y así la detuvieron, pero sólo un momento, porque la Calamidad ya encontró el maíz palomero del SupGaleano y, con las mejillas manchadas de azúcar, les dice festiva: ¡vamos a jugar a las palomitas!

Tan tan.

Desde las montañas del Sureste Mexicano.

El SupGaleano.
Dándose cuenta de que no es posible limpiar el pasamontañas con saliva, pero resuelve el problema poniéndose un sombrero vaquero encima.
Guapo el hombre, lo que sea de cada quien. ¡Ajúa!

2019-2021

 




El Pasaporte Zapatista. (Hasta pronto Portugal, ahí vamos Galicia).

 

El Pasaporte Zapatista.
(Hasta pronto Portugal, ahí vamos Galicia).

Junio del 2021.

  El 12 de junio del 2021, el llamado “Escuadrón 421”, y demás pasajeros y tripulación, recibieron en sus pasaportes el sello de entrada legal al llamado espacio o zona Schengen y desembarcaron en Horta, Islas Azores, Portugal, Europa.  Sin perder la gracia y la elegancia (es un decir), bajaron de La Montaña.  Como debe de ser, hubo azoro, baile, fotos y un atracón de comida.  Marijose se encontró con una vieja profecía que anunciaba su llegada.  Y se realizó una carrera (es un decir), tipo “el que llegue al último paga la comida” (Diego Osorno perdió).  Se brindó por la vida, claro.

-*-

  A las 09:17:45 del 14 de junio del año en curso, La Montaña se despegó del abrazo portugués y tomó dirección noreste a una velocidad de entre 6 y 7 nudos.  A las 12:30:06 rebasó por la izquierda el “Pico Das Urzes”.  Latitud: 38.805213; longitud: -28.343418.  El capitán Ludwig calcula avistar las costas de la península Ibérica, entre el 19 y el 20 de junio (aunque podría ser antes, porque La Montaña, reconciliada con el viento, parece apresurada en abrazar a sus hermanas portuguesas y gallegas).  De esa fecha en adelante, se saludarán las elevaciones en las islas de San Martino, Monte Faro y Monte Agudo.  Luego se entrará a la “Ría de Vigo”.  Se prevé llegar a la Marina Punta Lagoa, al norte del puerto de Vigo, Galicia, Estado Español.

  Entonces, en silencio, lluvia hermana será la montaña nuestra, húmeda se tornará nuestra mirada, y así diremos sin palabras:

“(…)
desperta do teu sono
fogar de Breogán. 

Os bos e xenerosos
a nosa voz entenden
e con arroubo atenden
o noso ronco son,
mais sóo os iñorantes
e féridos e duros,
imbéciles e escuros
non nos entenden, non.*

Fragmento de “Os Pinos”, Himno de Galicia. Pascual Veiga y Eduardo Pondal.

 * “…despierta de tu sueño / Hogar de Breogán. / Los buenos y generosos / nuestra voz entienden / y con devoción atienden / nuestro ronco sonido. / Pero solo los ignorantes / y débiles y duros, / imbéciles y oscuros / no nos entienden, no.”

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  Ahora permítame contarle de la documentación zapatista que lleva el Escuadrón 421 (que a estas horas ya podría agregar “marítimo” a su flamante nombre).  L@s compañer@s llevan un pasaporte zapatista.  Quiero decir, además del pasaporte oficial de México, llevan el llamado “pasaporte zapatista de trabajo”.  Aquí se los describo:

 


  En la portada o tapa principal: un caracol con una estrella roja dentro. Y el letrero: “pasaporte zapatista de trabajo”. En la contra portada o tapa trasera: una estrella roja con un caracol dentro.

  En la primera página se lee: “Este pasaporte es otorgado por las autoridades civiles autónomas de los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas y las Juntas de Buen Gobierno, Chiapas, México.  Sólo es válido durante el período establecido y en el lugar descrito.  Este documento consta de 32 páginas y no es válido si presenta deterioro, cortes, tachaduras y enmiendas”.

  En las páginas 2 y 3 hay espacios para: foto del titular, sus datos personales, datos de la Junta de Buen Gobierno y MAREZ que expiden el documento.  Trabajo que va a desempeñar.  La fecha de expedición y el calendario y geografía donde va a cumplir el trabajo.  Lugar para sello de MAREZ y de JBG.

  En las páginas 4 y 5. Se establecen las siguientes 7 limitantes:

“1.- El, loa o la titular de este pasaporte no puede ni debe pedir ni recibir apoyos en moneda o especie para su beneficio propio o de su familia, más allá de los estrictamente necesarios para cumplir con el trabajo que se le ha encomendado.

2.- La, loa o el titular de este pasaporte sólo podrá hacer el trabajo que se específica en este mismo documento.

3.- Loa, el o la titular de este documento tiene prohibida la portación y uso de armas de fuego de cualquier tipo, y no puede ni proponer, ni sugerir, ni alentar cualquier actividad que implique, o derive en, el uso de armas de fuego en el lugar donde haga su trabajo.

4.- La, loa o el titular de este documento sólo puede contar de nuestra historia de resistencia y rebeldía como pueblos originarios y como zapatistas, previa preparación y capacitación para ello.

5.- El, loa o la titular de este documento no puede establecer acuerdos o desacuerdos a nombre de las estructuras organizativas y/o de mando político-militar con personas, grupos, colectivos, movimientos y organizaciones, más allá de lo estrictamente necesario para el cumplimiento del trabajo que se le ha encomendado.

6.- Las opiniones personales sobre asuntos públicos y privados que exprese loa, el o la titular de este documento, no sólo no reflejan las posiciones zapatistas, también pueden ser completamente contrarias a nuestro pensamiento y práctica.

7.- La, el o loa titular de este documento deberá conducirse en todo momento respetando las diferencias de identidad, sexo, credo, lengua, cultura e historia, de las personas y lugares donde realice el trabajo para el que se expide el presente documento.

  En la página 6 se establece: “Se acredita que la, loa o el titular de este documento recibió curso de capacitación (si aprendió o no, ahí se va a ver en los hechos) en__ (espacio para poner el nombre del lugar)”.

  Y la página 7 indica las fechas de salida y llegada: “La, loa o el titular de este documento salió de territorio zapatista __ (espacio para detalles y sellos en media página)”.  La mitad de abajo de la página: “La, loa o el titular de este documento regresó a territorio zapatista: ___ (espacio para detalles y sellos)”

  Las páginas subsiguientes están en blanco, para que las diferentes personas, grupos, colectivos, organizaciones y movimientos, de los distintos rincones de los disímiles mundos que se visiten, sellen, firmen, adornen, huellen, pongan dibujos, rayen o lo que sea para que el, la o loa compa tenga una especie de guía de dónde estuvo, además de los apuntes en su cuaderno, cuando regrese y platique cómo le fue.

  La última página es para “Observaciones:” (por ejemplo alguna alergia, discapacidad o gustos musicales –digo, porque si le gusta la cumbia y le ponen a bailar un vals, pues ya se imaginarán-).

Doy fe.

SupGaleano.
Planeta Tierra, Junio del 2021.

 

ISLAS AZORES, PORTUGAL, EUROPA. SupGaleano



 ISLAS AZORES, PORTUGAL, EUROPA

 

 11 de Junio del 2021.
(Nota: calendario y tiempo en la geografía de México).

  Con su carita empolvada, remozada y limpia la cubierta, recompuesto el velamen -después de salir de Cienfuegos, Cuba-, el 16 de mayo La Montaña enrumbó al oriente.  Bordeó la playa de las Coloradas y, con la Sierra Maestra a su izquierda, fue acompañada de nuevo por los delfines convocados por Durito Stahlkäfer, quien maldijo cuando pasaron frente a la estadunidense aberración en Guantánamo.  Frente a Haití, ballenas saludaron su paso, y en la Isla de la Tortuga, Durito y el Gato-Perro desembarcaron alegando algo sobre un tesoro enterrado… o por enterrar.  En apoyo al equipo de apoyo, la Lupita, la Ximena y el Bernal gomitaron fraternalmente, aunque creo que hubieran preferido apoyar de otra forma.  En Punta Rucia, República Dominicana, guardó reposo y cautela La Montaña, por fuertes vientos en contra.  El 24 de mayo, de madrugada y a pura vela (“para no espantar al viento”, dijo el capitán Ludwig), La Montaña tomó rumbo al norte.  Ahora fueron orcas las que saludaron a La Montaña al despedirla de las aguas del Caribe.  Entre los días 25 y 26 de mayo, el navío esquizofrénico –cree él que es una ella y es montaña-, sorteó Las Bahamas y el día 27 se dirigió al Noreste, ya en mar abierto, Duc in Altum.

  El 4 de junio, librado ya el llamado Triángulo de Las Bermudas, la embarcación y su preciada tripulación, dieron cara al sol que al oriente se asomaba.  Entre los días 5 al 9 de junio, navegaron sobre donde la leyenda ubica a la soberbia Atlántida.

  Serían las 22:10:15 horas del 10 de junio cuando, entre las brumas de la madrugada europea, desde la cofa del vigía de La Montaña se alcanzaba a divisar la montaña hermana, Cabeço Gordo, en la Isla Faial del archipiélago de Las Azores, región autónoma de la geografía llamada Portugal, en Europa.

  Serían las 02:30:45 del 11 de junio cuando la vista, “a tiro de piedra”, de las costas del puerto de Horta humedeció la mirada de navío y tripulantes.  En las montañas de Las Azores eran las 07:30 de la mañana de este día.  Serían las 03:45:13 cuando una lancha rápida de la autoridad portuaria de Horta se acercó a La Montaña para indicar donde habría de fondear.  Serían las 04:15:33 cuando el navío fondeó frente a las otras montañas.  Serían las 08:23:54 cuando el bote de la Capitanía de Puerto recogió a los tripulantes de La Montaña y les llevó a tierra para las pruebas PCR de Covid, y les regresó al barco a esperar los resultados.  En todo momento la “Autoridade Maritima”, en el puerto de Horta, se ha portado con amabilidad y respeto.

  La tripulación, pasajeros incluidos, se encuentran muy bien de salud, “animados y contentos, sin broncas, ni chismes ni peleas.  (En el Escuadrón 421) se cuidan entre sí”.

  Aquí es el momento de informar quiénes más, aparte de la tripulación del Stahlratte y el zapatista Escuadrón 421, han navegado este tramo.  Para documentar la travesía marítima van María Secco, cine-fotógrafa independiente, y Diego Enrique Osorno, reportero independiente.  Como equipo de apoyo de la delegación zapatista va Javier Elorriaga.

  Según los usos y costumbres zapatistas, estas 3 personas tuvieron que, además de cubrir sus gastos, presentar autorización escrita de sus familias, parejas y prole.  Sendas cartas fueron entregadas al Subcomandante Insurgente Moisés.  Maridas, maridos, madres, hijos e hijas redactaron y firmaron con su puño y letra las autorizaciones.  Me tocó leerlas.  Hay de todo, desde reflexiones filosóficas hasta dibujos infantiles, pasando por la solicitud atenta de una niña para que le lleven una ballena.  Nadie pidió escarabajos ni gato-perros, lo que no sé si es una afrenta o un alivio.  En las letras infantiles se adivina el orgullo de que padre o madre dependieran de que les dieran permiso (el clásico zapatista: “los patos les tiran a las escopetas”).  Imagino que ya tendrán ustedes la oportunidad de conocer las miradas de María y Diego, sus anécdotas, reflexiones y valoración de su participación “en primera fila” (ambos le hacen a eso del cine) en este delirio.  Otras miradas siempre son bienvenidas y son refrescantes.

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  Al conocerse la noticia en las montañas del Sureste Mexicano, las comunidades zapatistas le han mandado un mensaje a la tripulación del Stahlratte, a través de su capitán: “Gracias, son chingones”.  Todavía están tratando de traducir eso al alemán.

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  Para la reflexión: el lema de Las Azores es “Antes morrer livres que em paz sujeitos” (Antes morir libres que en paz sujetos).

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  A lo lejos, al oriente, las columnas de Hércules -que en su tiempo eran el límite del mundo conocido-, miraban asombradas una montaña que navegando desde occidente viene.

Doy fe.
SupGaleano.
11 de Junio del 2021.

 

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¡Delfines! SupGaleano


¡Delfines!

Mayo del 2021.

  Fueron momentos dramáticos.  Acorralado, entre cabos sueltos y la borda, el bichito amenazaba con su lanza a la tripulación, mientras de reojo observaba al mar embravecido, donde un Kraken, de la especie “kraken escarabujos” –especialista en comer escarabajos-, acechaba.  Entonces, se armó de valor el intrépido polizón, alzó sus múltiples brazos al cielo y su voz rugió, opacando el ruido de las olas al chocar contra el casco de La Montaña:

  Ich bin der Stahlkäfer, der Größte, der Beste!  Beachtung! Hör auf meine Worte¡ (¡yo soy el escarabajo de acero, el más grande, el mejor.  ¡Atención!  ¡Escuchad mis palabras!)

  La tripulación se detuvo en seco.  No porque un insecto esquizofrénico les retara con un mondadientes y una tapita de plástico.  Tampoco porque les hablara en alemán.  Fue porque el escuchar su lengua materna, después de años de escuchar sólo el español tropical costeño, les transportó a su tierra como por un raro encantamiento.

  Gabriela diría después que el alemán del bichito estaba más cerca del alemán de un migrante iraní que del Fausto de Goethe.  El capitán defendió al polizón, alegando que su alemán era perfectamente entendible.  Y, como donde manda capitán no gobierna Gabriela, Ete y Karl aprobaron, y Edwin, aunque sólo entendió la palabra “cumbia”, estuvo de acuerdo.  Así que lo que les narro, es la versión del bicho traducida del alemán:

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  “El titubeo de mis atacantes me dio tiempo para rehacer mi estrategia defensiva, recomponer mi armadura (porque una cosa es morir en un combate desigual y otra muy distinta es hacerlo en fachas), y lanzar mi contraofensiva: un relato…

  Fue hace algunas lunas, en las montañas del Sureste Mexicano.  Quienes ahí viven y luchan, habían lanzado un nuevo desafío para sí mismos.  Pero en esos momentos, vivían en la zozobra y el desaliento porque carecían de un vehículo para su travesía.  Así fue hasta que yo, el grande, el inefable, el etcétera, Don Durito de La Lacandona A.C. de C.V. de (i)R. (i)L. llegué a sus montañas (las siglas, como todos deben saber, significan “Andante Caballero de Cabalgadura Versátil de Irresponsabilidad Ilimitada”).  Tan pronto se corrió la voz de mi arribo, multitud de mozas, infantes de todas las edades, e incluso ancianas, corrieron, raudas y veloces, a aclamarme.  Pero yo me mantuve firme y no sucumbí a la vanagloria.  Me dirigí entonces a los aposentos de quien se encargaba de la malograda expedición.  Por un momento me confundí: la impertinente nariz de quien hacía y rehacía las cuentas imposibles para sufragar los gastos de la expedición punitiva contra Europa, me hizo recordar a aquel capitán, que después sería conocido como el SupMarcos, al que orienté durante años y a quien eduqué con mi sabiduría.  Pero no, aunque parecido, quien se dice llamar SupGaleano tiene todavía mucho que aprender de mí, el más grande de los andantes caballeros.

  En fin, que no tenían embarcación.  Cuando puse a la disposición de esos seres mi navío, el susodicho Sup, con sarcasmo, me respondió: “pero ahí sólo cabe uno, y tiene que ser muy pequeño, y es… ¡una lata de sardinas!”, refiriéndose así a mi fragata, cuyo nombre, “Pon tus barbas a remojar” la nominaba a babor, a la altura de la proa.  Hice caso omiso de tal impertinencia y, caminando por entre la multitud que anhelaba una mirada mía, una palabra al menos, me dirigí hacia la isla “No tiene nombre”, descubierta por quien esto narra en 1999.  Ya en lo alto de su, ahora sí, cofia arbolada, esperé paciente a la madrugada.

  Maldije entonces al averno, convoqué a diosas de todas las latitudes, llamé pues a la más poderosa de ellas: la bruja escarlata.  Ella, la despreciada por los otros dioses, dados como son al machismo fanfarrón y de espectáculo.  Ella, la alejada por las otras diosas, dadas a la belleza falsa de afeites y cosméticos.  Ella, la bruja escarlata, la bruja mayor: Oh, die scharlachrote Hexe!  Oh, die ältere Hexe!

  Conociendo yo que las probabilidades de que esos seres extraños, autodenominados zapatistas, consiguieran una embarcación digna, eran exiguas, bien sabía que sólo el más poderoso de los poderes mágicos podría sacarlos del apuro y cumplir con su palabra.  Ergo, llamé a la bruja mayor, la de ropaje purpúreo, quien puede alterar la posibilidad de que algo ocurra.  Ella hizo cuentas y cuentos y llegó a la conclusión de que, en efecto, la probabilidad de que consiguieran una embarcación era casi de cero.  Así dijo:

  “Pero nada puedo hacer, si no hay una petición.  Y no cualquier petición.  Debe ser hecha por un Titán, un ser grandioso y magnánimo que a su buen talante cobije a quienes necesitan de un mágico evento”.

  ¿Y quién mejor que yo?, bramé sonoro.  La dama del manto carmesí alzó la mano demandando mi silencio.  “No es todo”, susurró.  “Preciso es que el tal Titán arriesgue su vida, su fortuna y reputación en la odisea que esos seres pretenden.  Esto es, que les acompañe con su aliento y bondad y, junto a ellos, aunque no a su lado, afronte desafíos y penares.  Esto es, estará y no estará”.

  Estuve de acuerdo pues mi única fortuna son mis hazañas, la vida la arriesgo con sólo existir y, bueno, mi reputación está por los sótanos del mundo.

  La bruja hermana hizo pues lo que se hace en estos casos: encendió su ordenador, se conectó a un servidor en Alemania, tecleó no sé qué conjuro, modificó una gráfica de probabilidades y subió, de casi cero a 99,9 % el porcentaje, tecleó de nuevo y un zumbido de su impresora delató el papel que de ella salía.  No sin antes apreciar la modernización que hay en el gremio de brujas escarlatas y similares, tomé la nota.  Una única sentencia la llenaba:

Si el titán de acero es, encuentre su semejante, que de eso depende el faltante

  ¿Qué significaba aquello?  ¿Dónde podría yo encontrar a algo o alguien, ya no digo parecido, sino digamos lejanamente cercano a mi grandeza?  Titanes no hay muchos.  De hecho, según la wikipedia de abajo y a la izquierda, soy el único que prevalece.  Entonces “de acero”.  ¿El hombre de acero?, lo dudo; no creo que la bruja escarlata haya recomendado a un varón.  Entonces una fémina o hembra de acero.

  Largo anduve.  Recorrí desde la Patagonia hasta la lejana Siberia.  Crucé caminos con el digno Mapuche, grité con la Colombia ensangrentada, atravesé la dolida pero persistente Palestina, pasé por los mares teñidos de la pena negra de migrantes, y volví sobre mis pasos, creyendo, erróneamente, que fracasado había en mi misión.

  Pero, al desembarcar en la geografía que llaman “México”, algo llamó mi atención.  Sobre aguas turquesas un navío padecía los arreglos y parches que su tripulación le daba.  “Stahlratte”, se leía en un costado.  Como a la bruja escarlata la encontré en la Alemania de abajo, y esa palabra significa “rata de acero” en su lengua, decidí probar fortuna.  Esperé, con sabia paciencia, a que noche y sombras cobijaran la soledad del barco.  Trepé con habilidad por la proa y, bordeando por estribor, me llegué a donde se ubica el centro de mando o gobierno de la nave.  En ella, un varón maldecía en lengua germana con improperios y blasfemias que apenarían al mismísimo averno.  Algo decía de la pena que da dejar mares y aventuras.  Supe entonces que el navío contaba sus últimos días, y su capitán y tripulación pesadillas tenían de una vida en tierra firme.  Las brujas escarlatas de todo el mundo confabulaban a mi favor y ventura.  Pero todo dependía de mí, del escarabajo de acero inoxidable, del más grande de los andantes caballeros, de etcétera, para encontrar “el faltante”.  Esperé entonces a que el capitán cesara en sus lamentos y maldiciones.  Cuando hubo callado y sólo un sollozo le ahogaba la garganta, me trepé al timón y encarándolo dije: “Yo Don Durito, ¿tú quién?”  El capitán no titubeó al responder “Yo capitán, tú polizón” mientras blandía un periódico o revista y amenazaba con oprimir así mi hermosa y esbelta figura.  Fue entonces que, con voz potente, me presenté.  El capitán dudó y guardó silencio y periódico o revista.

  Después, bastaron unas cuantas frases para que ambos entendiéramos que éramos gente de mundo, aventureros por vocación y elección, seres dispuestos a enfrentar cualquier desafío por imponente y terrible que fuera.

  Ya en confianza, le referí yo la historia de una odisea en curso, algo que llenaría luego los anales de las historias por venir, el más peligroso e ingrato de los quehaceres: la lucha por la vida.

  Me prodigué en detalles, le hablé de una embarcación construida en medio de las montañas, sin más agua que la de la lluvia para darle vocación y razón de ser.  Le platiqué de quienes habían decidido abrazar tamaña osadía, de leyendas sobre una montaña que se niega a la prisión de sus pies en tierra, de mitos y leyendas mayas en voz de sus originarios.

  El capitán encendió un pitillo, me ofreció uno pero hube de rechazarlo al sacar mi pipa.  Compartimos el fuego y el humo del tabaco.

  El capitán guardó silencio y, después de algunas bocanadas dijo algo como: “a fe mía que gran honor sería sumarse a tan noble y descabellada causa”.  Y agregó: “no tengo tripulación ahora, pues estamos ya al retiro, pero estoy seguro que mujeres y hombres se acercarán con tan solo el encanto de esta historia.  Ve con los tuyos y diles que cuenten con lo que somos, humanos y navío”.

  Terminada mi historia, me dirigí a quienes amenazaban con arrojarme por la borda: “Y así fue como ustedes, simples mortales, se embarcaron en esta aventura.  Así que dejadme en paz y volveos a vuestros trabajos y enseres, que yo he de vigilar que el Kraken deje en paz nuestra casa y camino.  Para eso he llamado a peces amigos que lo mantendrán ausente”.

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záz, que en ese momento alguien en cubierta grita “¡Delfines!” y tod@s subieron a cubierta armados de cámaras, celulares o sólo sus ojos asombrados.

  En la confusión, Durito, el más grande de los Titanes, el único héroe a la altura del arte, el cómplice de magos y brujas, se escabulló y trepó de nuevo a, ahora sí, la Cofa y desde ahí entonó cánticos que, lo juro, eran replicados por los delfines que, entre olas y sargazo, bailaban por la vida.

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  Más tarde, en la cena, el capitán confirmó la historia del bichito.  Y desde ese momento el bichito dejó de ser “el bichito” y es llamado, a partir de ese evento, “Durito Stahlkäfer”, “Durito, el Escarabajo de Acero”.

  “Una raya más al tigre”, debió decir el finado SupMarcos, tres metros bajo cubierta, err, quise decir, bajo tierra.

  Ahora, con camaradería, Gabriela le corrige a Stahlkäfer la pronunciación germana; en el hombro de Ete, Durito sube a lo más alto del palo mayor; acompaña a Carl cuando toma el timón y le divierte con historias terribles y maravillosas; sobre la cabeza de Edwin le dirige en el desplegar y arriar del velamen; y en las madrugadas comparte con el Capitán Ludwig el tabaco y la palabra.

  Y, cuando el mar embravece y el viento aumenta su lujurioso cortejo, el más grande ejemplar de la andante caballería, Stahlkäfer, entretiene al Escuadrón 421 relatando leyendas increíbles.  Como aquella que narra la historia absurda de una montaña que barco se hizo por la vida.

Doy fe.

SupGaleano.
Planeta Tierra.

Nota: El video de los delfines convocados por Stahlkäker fue tomado por la Lupita, porque el equipo de apoyo de la Comisión Sexta, encargado de tal misión, estaba ocupado… gomitando.  Sí, de pena ajena.  Ahora el Escuadrón 421 tiene como misión apoyar al equipo de apoyo.  Y todavía hay que atravesar el Atlántico (suspiro).

 

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