Un Tractor en Común y el Caso del Perico
Loco.
I.- La Genealogía del Tamale.
Para las madres buscadoras, con
admiración y respeto.
Debo
aclararles que yo creía que no vería esto en vida. Esta combinación de
conocimientos y prácticas de usos y costumbres de hace muchas décadas, con las
ciencias y las técnicas aplicadas. Sí, en el campo. Sí, en la lucha
por la vida.
El
Subcomandante Insurgente Moisés me ha explicado el proceso:
Primero
eliges el terreno. Mientras más plano, mejor. Después viene lo que
se llama tumbar y rozar, es decir, con machete y, a veces, hacha, se tumban
árboles grandes, medianos y chicos. Si ya es un terreno de milpa antigua,
entonces es acahual (árboles y plantas pequeños). Si era potrero, pues ya
no hay árboles. Hay que esperar a que se seca bien y luego sigue la
“quema”, que consiste, como su nombre lo indica, en prenderle fuego al terreno
para que la tierra se fertilice con la ceniza. Luego sigue limpiar, o
sea, quitar piedras, troncos, ramas y raíces. Después ya sigue la
siembra, que se hace con coa (una vara recta, a veces
con punta de fierro). Quien siembra, lleva las semillas dentro de
una morraleta, va avanzando poco a poco, horadando la tierra
con la coa y depositando la semilla en la tierra.
Luego sigue esperar que llueva. Claro, si es que la seca (temporada de
calor), con sus ventarrones, no llevó la quemazón más allá del “guarda-rayas” y
entonces hay que organizarse en colectivo para ir a apagar antes de que el
fuego se extienda y llegue al bosque… o a los poblados.
Si
llueve, bien. Si no llueve, mal. Y entonces hay que echarle cohete
al cielo para que se despierta la nube y se deje caer sobre la tierra, donde la
semilla espera la vida que cada gota de agua lleva.
¿Después?
Esperar, estar atento al clima. Si todo va bien, en unos 3 meses habrá elote y
luego maíz. Después sigue la cosecha: recoger las mazorcas y amontonarlas
en una champita que le llaman “troje”. De ahí, cada que se necesite, se lleva
un tanto de mazorcas a la casa, y la familia entera (abuelos, padres, y la
prole) se sienta a desgranar. Luego sigue cocer el maíz, con algo de cal
que se extrae de piedras. La cal es con una piedra especial, blanca.
En algunas partes le dicen Poj´ton. Se calienta
con leña y luego se muele hasta que queda un polvo finito. Si no
encuentras, puedes hacer con la cáscara o concha del caracol de río. Y si
no tienes Poj´ton ni caracol, pues ni modos, hay que
conseguir la paga para comprar la cal.
Una
compañera me aclara: “Eso de mezclar la cal con el maíz, no
cualquiera. Se necesitan, como quien dice, a las mamaces.
La mamá te dice qué tanto de cal le echas a la olla con el maíz en agua.
Si no está cabal, no sirve. Y si te pasas, pica. Entonces tienes
que calcular, según te enseña tu mamá. Ya cuando creces, pues ya sabes
calcular. Pero no es que mides con centilitros, mililitros y esas cosas
de la matemática. Es que mides según te enseña tu mamá. Y tienes
que batir bien con la mano, que no queden bolitas, sino que cabal.
Si
no aprendes a hacer bien, rápido se publica en el pueblo y te mal miran.
Y peor para la mamá, que la mal hablan que no enseña a sus crías lo del maíz, o
sea de la vida. O sea que las crías tienen que aprender bien. Como
quien dice, las mamás necesitan de las crías. Creo por eso mucho nos
regañan cuando somos pequeños, para que aprendamos. Y por eso las mamaces siempre
lo piensan sus crías y, si no están, las buscan. Si no tuviéramos mamá,
creo que morimos todos de una vez”.
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Luego,
ya que tienes el maíz cocido, sigue moler a mano, con un viejo molino
mecánico. Si no hay, pues con metate y piedra. Entonces ya tienes
la masa lista para la tortilla… o el tamale. Si es fiesta, entonces tal
vez con cuche (puerco), pollo o guajolote. Y el recado, claro, que es
como el condimento que se le pone a la carne. Si no hay carne, pues
frijoles… o verduras (guácala). También se puede hacer con chile
verde o rojo, y con azúcar. Después de todo eso, y si tienes suerte de
que quien cocina no deje crudo el tamale, entonces podrás comer tamales.
Y si está crudo, pues ni modos, igual tienes que comer porque es lo que
hay. Eso sí, hay que tener la precaución de tener una letrina cerca.
Si
es fiesta, hay baile. Sí, cumbias. Aunque también luego hay rock,
ska, banda y esas músicas con que las jóvenas y jóvenes
brincan como si estuvieran encima de un hormiguero. Pero el amor y,
claro, el desamor, suelen florecer y dar fruto con las cumbias. Ahí las
caderas prometen fiebres… y desvelos… y lluvias… y sinsabores.
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¿Y
luego? Pues vuelta a empezar. Y así por los siglos de los
siglos. Hay humanidad porque hay tierra. O sea que, como quien
dice, la tierra es la madre de la humanidad. Viera que no hay tierra,
pues ¿de dónde vas a sacar todas las cochinadas que comes? Sin tierra no
hay alimentos, ni animales, ni aire, ni lluvia. No hay nada. Por
eso decimos que la tierra es vida.
Los
pueblos y comunidades del Congreso Nacional Indígena, nos enseñaron a decir
“territorio”. O sea, no es sólo la tierra-tierra, sino también el agua,
los bosques, los animales silvestres, la lluvia, el viento, el sol.
Todo. Nosotros, cuando decimos “tierra”, decimos todo eso; pero en las
ciudades entienden tierra como un pedazo de tierra y no como un todo. Por
eso el CNI nos enseñó a decir “territorio”.
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Las
guerras actuales, dicho sea de paso, son para conquistar territorios. Por
eso no importa cuánta gente asesinan ni cuantos edificios, hospitales, escuelas
(con niñas dentro), barrios enteros destruyen. Porque de eso se trata la
guerra capitalista: de destruir para reconstruir luego; y de despoblar para
reordenar luego el territorio conquistado. Y es por eso que hay, en la
humanidad, lo que se llama “Guardianes” de la tierra, o sea del
territorio. O sea que son las crías de la Madre Tierra, la Resistencia y
la Rebeldía. Y por eso asesinan, desaparecen y encarcelan a los
defensores de bosques. Y por eso el problema no es Netanyahu o
Trump. O no sólo, pues.
Porque
con ellos o sin ellos, el Mandón, el sistema capitalista pues, quiere asesinar
personas y destruir poblaciones enteras. Porque en esas poblaciones y en
el corazón de esas personas, vive la vida.
Así
nació el sistema: matando y destruyendo. Así creció. Y así se
mantiene, aunque cambien sus modos y sus explicaciones. El sistema
capitalista es muerte. No sólo para la humanidad. También para el
planeta entero. Por eso decimos que la lucha contra el capitalismo es la
lucha por la vida. Y viceversa.
¿Quiénes
entienden más y mejor esto? Pues quienes viven en un territorio, o sea en
la tierra. Pero no luchan por la propiedad del territorio, sino por
defenderlo. Y por eso los ataca el capitalismo, porque le estorban en su
plan.
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Le
pregunté al SubMoy: “¿Pero entonces ya no hay quema?”
“No,
estamos dando como una muestra, una enseñanza a los mismos compas y a los
hermanos partidistas que, usando la técnica, ya no se necesita la quema y así
no se corre el fuego, poniendo en peligro a animales, árboles y personas.
Además de que ya no hay la humareda. Y no tienes que esperar a que llueve
ni gastar cohete de balde. O sea que, sin dejar de trabajar la tierra, se
puede cuidar y mejorar”
“¿Y
el tractor de dónde salió?”
“Ah,
lo tenían en un puy desde hace años, pero no lo usaban y ahí nomas estaba
echándose a perder. Entonces llegó el Común a rescatar. Fueron
los choferólogos, lo arreglaron, lo lavaron, lo dejaron bien
galán, y ya lo movieron a esta tierra que es del Común, que es de todos y es de
nadie.”
“Pero
tal vez en el día después no va a haber combustible para el tractor… ni
tractor”.
“Ah,
seguro. Pero nos estamos enseñando como nuestros tatarabuelos y abuelos,
que se hacen las cosas con lo que hay y con la cabeza. El asunto es
siempre ver de cuidar la madre tierra”
Un
compa es quien enseña y tiene alumnas y alumnos, principalmente tzotziles y
cho´oles. Ese compa es del Puy de Roberto Barrios, y se viene con su
banda para aplicar lo que aprenden. Porque si no se aplica lo que se
sabe, pues de balde. O sea que quiere la práctica. Donde enseña,
bien se puede llamar “Centro de Investigación, Análisis, y Enseñanza Rebelde
Zapatista del Trabajo en el Campo y la Defensa y Cuidado de la Madre Tierra
Combinando el Conocimiento de Nuestros Anteriores con Conocimientos de las
Ciencias, las Técnicas, las Artes y lo que se Nos Va Ocurriendo y que
Inventamos Según Vemos en la Práctica” (CIAERZTCDCMTCCNACCTALVAOISVP, por
sus siglas en español).
Nah,
no es cierto que se llama así. Pero algún nombre le van a poner.
Tal vez igual o más largo, no sé.
El
asunto es que, como en las Cumbias, lo que vale es la puesta en práctica del
conocimiento. Porque bien puedes escribir libros de teoría de la Cumbia,
explicar con elipsis y parábolas, ecuaciones diferenciales y asíntotas, la
rotación de las caderas y el ritmo de pies y manos. Pero, compa, si no lo
practicas, va a parecer que tus pantalones son de cartón o que te dio un
calambre.
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Cuando
lo miré que ya están funcionando los aspersores y están sembrando, pensé “ya me
puedo morir”. Creo que lo pensé en voz alta, porque la Verónica, que
andaba de metiche para variar, me dijo “¡¿Otra vez?!”. Y,
mirándome con reprobación, añadió “Ya caes mal que a cada rato te
mueres. Hasta las mujeres de los pueblos ya protestaron con el SubMoy de
que de balde rezan cada vuelta”.
“¿O
sea que rezan por mí?”
“¡Qué
va a ser!, rezan por el pobre demonio, que va a sufrir cuando llegues al
infierno, y te pongas a hacer tus travesuras”.
Bueno,
pero eso no es el tema…
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En
cualquier rincón del mundo, florecen las vidas de las resistencias y
rebeldías. Ayer se llamaban Venezuela. Hoy se llaman Irán y
Cuba. Siempre se llaman Palestina. Porque siempre habrá quien no se
rinda, no se venda y no claudique.
(Continuará…)
El Capitán.
Abril-mayo del 2026.

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